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Itinerario Político | Ricardo Alemán

Mentirosa consulta popular; las pruebas

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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El más reciente engaño de los teóricos poco serios del PRD y los fanáticos de Morena es que mediante "consulta popular" pueden tirar la reforma energética y, en especial, derogar los artículos 25, 27 y 28 constitucionales

Domingo 22 de diciembre de 2013

El 20 de diciembre de 2013 pasará a la historia como el día que terminó el monopolio estatal de los energéticos en México. Ese 20 de diciembre será para el nuevo siglo —en materia petrolera—, lo que el 18 de marzo fue para el siglo pasado.

Sin embargo —y a pesar de que en el papel la reforma energética tiene todo para convertirse en motor para el desarrollo--, también es cierto que nada ni nadie puede hoy garantizar que será una reforma exitosa. ¿Por qué? Elemental, porque nadie conoce hoy los detalles de las leyes reglamentarias y, sobre todo, porque deberán pasar años para probar la eficacia de los cambios.

En pocas palabras, que sólo el tiempo dirá si fue buena, mala o regular la reforma; si será bien operada, si el gobierno de Peña Nieto y sus aliados hicieron lo correcto al abrir a la inversión privada la materia energética o si —en su caso—, PRI y PAN cometieron la mayor equivocación de la historia.

Pero también es cierto que ese es el riesgo de toda reforma y de todos los cambios trascendentales en todas las sociedades del mundo. Y es que el éxito de una reforma de la trascendencia de la energética dependerá de la certeza de sus reglas, de la capacidad del Estado para aplicarlas y del talante y talento de los responsables de operarla. Sin duda se corren riesgos, pero son riesgos que debe correr una sociedad que aspire al cambio.

Consulta “engañabobos”

Sin embargo, lo que resulta intolerable para el futuro —de los mexicanos todos—, es la parálisis, el retroceso y el estancamiento que proponen los detractores de la reforma, quienes insisten en la “rancia” y “chabacana tesis” de que el mejor cambio en materia energética es que todo siga igual en Pemex y en la CFE. Pero lo más grave es que “los profesionales del no”, “los de siempre” y las llamadas izquierdas apoyen su oposición a la reforma en una campaña de patrañas y mentiras “engañabobos”.

Y el más reciente engaño es “la cantaleta” de que mediante “consulta popular” pueden tirar la reforma energética y, en especial, derogar los artículos 25, 27 y 28 constitucionales. Según los teóricos poco serios del PRD, los fanáticos de Morena y “los de siempre”, la reforma se puede derribar a partir de los principios establecidos en el artículo 35 constitucional, reformado ex profeso apenas el 9 de agosto de 2012”. ¿Y qué dice ese artículo?

A la letra señala en su párrafo 3º fracción VII:

“No podrán ser objeto de consulta popular la restricción de los derechos humanos reconocidos por esta constitución; los principios consagrados en el artículo 40 de la misma; la materia electoral; los ingresos y gastos del Estado; la seguridad nacional y la organización, funcionamiento y disciplina de la Fuerza Armada permanente. La Suprema Corte de Justicia de la Nación resolverá, previo a la convocatoria que realice el Congreso de la Unión sobre la constitucionalidad de la materia de la consulta”.

¿Qué se desprende del postulado? Es claro: la “consulta popular” no aplica para “los principios consagrados en el artículo 40” de la Constitución. ¿Y qué dice el citado 40 constitucional?

A la letra: “Artículo 40.- Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental”.

En suma, que por voluntad del pueblo mexicano somos “una República representativa…” constituida mediante el voto popular emitido en las urnas. Y justo de eso se trata la democracia representativa; que mediante el voto, los mandantes —que son los ciudadanos—, mandatan a sus representantes al Congreso para crear leyes, reformarlas o derogar la propia Carta Magna.

Por tanto, la “consulta popular” contradice el precepto y el principio del 40 constitucional. Pero además, la “consulta popular” pretende excluir a la República en la reforma de los preceptos constitucionales. Y es que el 135 de la Constitución ordena que en las enmiendas a la Carta Magna debe intervenir el Congreso de la Unión, integrado por las cámaras de Diputados y de Senadores. Pero si aún tienen dudas de que es una patraña que la “consulta popular” puede echar abajo la Reforma Energética, vamos al 135 de la propia Constitución mexicana.

Dice a la letra: “Artículo 135.- La presente Constitución puede ser adicionada o reformada. Para que las adiciones o reformas lleguen a ser parte de la misma, se requiere que el Congreso de la Unión, por voto de las dos terceras partes de los individuos presentes, acuerden las reformas o adiciones, y que éstas sean aprobadas por la mayoría de las Legislaturas de los Estados”.

Facultad exclusiva del Congreso

De esa manera, y conforme al anterior mandato constitucuonal, las únicas instituciones que intervienen en la reforma, adición o derogación de los preceptos constitucionales —en tanto régimen de democracia representativa—, son las cámaras del Congreso de la Unión, a través de la voluntad de las dos terceras partes de sus miembros presentes y con la aprobación de la mayoría de las legislaturas de los estados.

Por más que mientan y pretendan engañar a los ciudadanos los señores Cuauhtémoc Cárdenas, Jesús Zambrano, Jesús Ortega, Guadalupe Acosta y la mafiosa pareja de Bejarano-Padierna, lo cierto es que además del Congreso no existe otra institución capaz de derogar preceptos constitucionales.

Además, como lo explica en su colaboración para La Otra Opinión el reputado especialista Bruno Paredes, ya en la Constitución de 1857 el Constituyente estableció en su artículo 57 el sistema para reformar la Constitución, precepto que de manera íntegra fue adoptado por el Constituyente de 1917, que lo reproduce en su artículo 135.

El propio Constituyente de 1857 discutió la posibilidad de introducir el referéndum, para enmendar la Carta Magna, lo que fue desechado con una tesis como la del diputado Guillermo Prieto: “Consultar el voto de los electores ofrece gravísimos inconvenientes… ¿cómo cabe todo esto en el sí o no, el único monosílabo que les permite articular la comisión? Queremos seguir la voluntad del pueblo, se dice, queremos conocerla para que a ella se sujete el legislador; proclamamos la libertad de la discusión para la reforma, pero a nuestras preguntas sólo se ha de responder sí o no”.

¿Y por qué el engaño?

Por eso la pregunta obliga: ¿Por qué las izquierdas tratan de engañar a los ciudadanos? Elemental, porque el cuento de la consulta ciudadana da votos. Y con esa zanahoria llegarán a 2015; con ese cuento engañarán a muchos. Al tiempo.



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