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Itinerario Político | Ricardo Alemán

Consulta ciudadana: otra patraña

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Jueves 19 de diciembre de 2013

Seguramente sin darse cuenta, los jefes del principal partido de la izquierda mexicana, el PRD, escenificaron su propia metáfora. Durante varios días caminaron en círculo —como en la noria— como protesta por la reforma energética.

Y en efecto, el partido político que simboliza a la izquierda mexicana, a lo más moderno y preclaro de esa tendencia política, se quedó atrapado desde hace años en una penosa marcha en círculos que —según todas las evidencias— los lleva a ningún lado.

Y la penosa noria que improvisaron en torno al Monumento a la Independencia sirvió para que caminaran lo mismo Cuauhtémoc Cárdenas que Jesús Zambrano y Jesús Ortega, entre otros dirigentes que de manera involuntaria nos regalaron el más formidable autorretrato del Partido de la Revolución Democrática: una organización que camina en círculos desde hace décadas.

Y viene a cuento porque ya está a la vista pública —en otro extremo de la noria— la siguiente etapa de una estrategia que ha sido fallida desde su concepción y que en poco más de un año mostrará de nueva cuenta el penoso fracaso de las izquierdas todas, pero en especial del PRD. Nos referimos al siguiente paso del diseño estratégico del PRD en torno a la reforma energética. ¿Y cuál es ese siguiente paso? Vamos por partes.

Como se sabe, durante la discusión de la reforma energética los amarillos perdieron una lucha histórica: la batalla callejera que por muchos años fue su territorio natural. Pero además perdieron la batalla de las ideas, del talento y del esgrima verbal en el Congreso de la Unión, que en el origen de la izquierda parlamentaria se convirtió en su principal herramienta.

Pero no es todo. En el colmo de la noria en que se ha convertido la izquierda mexicana, resulta que sus legisladores no sólo clausuraron el Congreso —cerraron la casa de las ideas—, sino que, en un acto de grosero autoritarismo, despidieron de sus filas a una diputada que se atrevió a pensar distinto y a votar a favor de la reforma energética. ¿Qué no los señores del PRD pedían a los diputados del PRI que pensaran con cabeza propia? ¿Qué no la vieja izquierda mexicana cuestionaba el autoritarismo y la línea de pensamiento dictada por el PRI? De viejo, el PRD hace todo aquello que cuestionó en su juventud.

Pero hay más, cuando las izquierdas se negaron, en lo general, al debate de la reforma energética —y cuando en lo particular el PRD boicoteó esa posibilidad—, en realidad toda la izquierda hizo posible la alianza PRIAN en materia energética. Facilitaron que el PRI quedará atrapado en la reforma energética propuesta por el PAN. Dicho de otro modo, que si las izquierdas hubiesen entendido la importancia de su aporte en la reforma energética, seguramente habrían logrado equilibrios fundamentales para limitar las exigencias del PAN.

En suma, la reforma energética fue el más escandaloso fracaso de las llamadas izquierdas. Y lo que viene no sólo será otro fracaso, sino que ya está cantado como otra patraña. Y es que no es más que un cuento engañabobos que la consulta popular prevista para 2015 podrá echar abajo la reforma constitucional en materia energética. ¿Y por qué engañabobos?

Porque contra la escandalera armada por el PRD —y de acuerdo con reputados constitucionalistas—, la consulta popular no cuenta con facultades para tumbar una reforma constitucional como la energética. Pero además, si nos atenemos a la ley reglamentaria de la consulta popular, llegaremos a la conclusión de que técnicamente es casi imposible un resultado positivo para las izquierdas.

Lo cierto, sin embargo, es que a las llamadas izquierdas poco les importa si la consulta popular puede echar abajo, de manera legal y convincente, la reforma energética. En el fondo el objetivo del PRD está en otro lado.

Es decir, los amarillos y los radicales de las izquierdas ya construyen otro fantasma para debilitar la reforma energética. Y ese fantasma se llama consulta popular. Y con ese sambenito los jefes del PRD, los cardenales de Morena y “radicales” de siempre no sólo utilizarán la patraña de que la consulta popular puede echar abajo la reforma energética, sino que los poderes perversos impedirán que se lleve a cabo dicha consulta.

En pocas palabras, la idea es hacer crecer la mentira de que es posible tirar la reforma petrolera con la consulta popular y —con ello— sembrar la percepción de que los poderosos no quieren la consulta. Así tendrán un anzuelo engañabobos que los llevará con vida política hasta las elecciones de 2015.

¿A cuántos mexicanos y potenciales electores engañarán las izquierdas con una mentira repetida millones de veces? Será otra derrota para el PRD. Al tiempo.



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