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Bucareli | Jacobo Zabludovsky

Castro Balda se confiesa

Periodista y licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Inició sus actividades period ...

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Lunes 15 de julio de 2013

Mis primeras visitas a la vivienda de Carlos Castro Balda y la Madre Conchita parecían viajes en la cápsula del tiempo que me retro llevaban a cuando la detuvieron en el convento clandestino del Chopo, o lo que él era el 24 de mayo de 1928, día de mi nacimiento, cuando puso dos bombas tras un excusado en la Cámara de Diputados. Carlos Castro Balda, vestido de mezclilla, zapatos de minero, aspecto pulcro y silabeo cuidadoso, me miraba con ojos taladrantes.

—¿Hace mucho que viven aquí, don Carlos?

—Pues sí, tenemos bastantes años, no recuerdo exactamente el número de años, pero mi mujer tiene muy buena memoria y ella puede decirnos.

—Son ya como 28, dijo Conchita.

—¿Cuándo salió usted de la cárcel?

—En 40.

—¿Salieron juntos?

—No, él salió antes, yo salí en 40; el día 9 de diciembre del 40, me puso en libertad el general Manuel Ávila Camacho.

—¿Usted cumplió la sentencia de 20 años?

—No; por una cosa que no nos explicamos Ávila Camacho anticipó mi libertad, porque yo estaba sentenciada a 20 años y a los 13 no cumplidos me dio la libertad.

—Y usted, don Carlos, ¿cuántos años estuvo en la cárcel?

—Pues yo estuve, excediendo la sentencia que me pusieron, nueve años porque me habían sentenciado a ocho años y dos meses y a una multa que tenía que pagar con permanencia en la cárcel; pero después de haber liquidado todo eso, no había barco para que abandonara el penal y tuve que esperar hasta que buenamente llegó el barco y entonces fueron nueve años que estuve allí.

—¿En las Islas Marías?

—En las Islas Marías.

—Entonces, ¿cuándo se casaron?

—El 20 de octubre de 1934.

—¿Cuál fue el motivo de haberse casado en esa fecha, precisamente estando los dos en la cárcel?

Dice ella: porque fue una cosa que nos hizo favor el general Macario…

Castro Balda la interrumpe: “Pero déjeme usted decir: para poder tramitar el matrimonio hablamos con el licenciado y la señora Gaxiola, en cuya casa estaba Conchita como comisionada sirviendo en quehaceres domésticos y dando clases de repostería, tanto a la esposa del general como a algunas reclusas…”

—¿Esto en dónde era, don Carlos?

—En el penal de las Islas Marías. Entonces Conchita le habló al general y posteriormente le hablé yo diciéndole que queríamos casarnos y me contestó: “Si se tratara de cualesquiera otras personas, yo como juez del Estado Civil y gobernador de aquí puedo perfectamente hacerlo, pero tratándose de ustedes francamente no me atrevo; pero si usted hace su solicitud por escrito, yo le ofrezco tramitarlo rápidamente ante la Secretaría de Gobernación. Haga usted la solicitud inmediatamente aquí”. Entonces la redacté y se la llevé, y me dice: “¿Quiere usted que solicite esto por telegrama?” Entonces le dije, no mi general, porque el telégrafo es muy indiscreto, mejor por oficio, porque así palo dado ni Dios lo quita. Lo hizo efectivamente, pero no hubo modo de ocultar la cosa y cuando ya habían concedido, desde el Departamento Consultivo de Gobernación, el permiso para que nos casáramos, entonces el subsecretario de Gobernación, encargado del despacho, que era el general Juan G. Cabra, le tocó contestar el acuerdo en el Departamento Consultivo, en el cual procedió de acuerdo con la solicitud del Presidente de la República, que era Abelardo Rodríguez, porque tratando de buscar una raíz política, un secreto de Estado, fueron con el general Abelardo Rodríguez directamente para decirle: “Castro Balda solicita casarse con la madre Conchita, ¿qué opina usted?”, él, que era un hombre culto y bastante consciente, “…yo, pues que lo resuelva Gobernación”. Mandaron la solicitud allá y la estudiaron los abogados y dijeron que no había inconveniente.

—Y se casaron.

—Y entonces en el mes de septiembre mandaron el oficio para allá, dando la autorización, lo que dio lugar a que sufrieran un descalabro algunos pesimistas, que se cruzaban apuestas, diciendo: sí concederán el permiso, no lo concederán, no, sí se lo conceden porque él es un agente del gobierno y tiene todo el apoyo, en fin una bola de cosas.

—¿De quién decían que era agente del gobierno?

—De mí.

—¿Usted agente del gobierno?

—Sí, que yo era hombre de paja y que yo me había presentado voluntariamente para hacerle el juego al general Calles y, por consiguiente, tendría todas las facilidades. Se cruzaron apuestas y el general Gaxiola dijo bueno, pues los voy a casar.

En el próximo Bucareli Conchita hablará de cómo fue que se casó si era monja, de los tormentos que sufrió en prisión y contestará si fue culpable de la muerte de Obregón.



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