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Itinerario Político | Ricardo Alemán

El cártel de Tepito

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Jueves 06 de junio de 2013

Luego de la inexplicable desaparición de 12 jóvenes originarios del popular “barrio bravo” de Tepito —quienes luego de la fiesta sabatina acudieron a un antro del que habrían sido secuestrados— se destapó una cloaca maloliente que, durante años, se han negado a reconocer tanto las autoridades capitalinas como el gobierno federal y los propios servicios de inteligencia: el Cartel de Tepito existe y se trata de un grupo criminal fuera de control.

¿Y cuáles son las pruebas que confirman la existencia del cártel de Tepito? Se pueden encontrar en no pocos antros, bares y cantinas de Polanco, La Condesa, Roma y otras colonias en donde la disputa por el narcomenudeo se da diario y está a la vista de todos. Y si existen dudas, basta convertirse en “usuario frecuente” de alguno de esos establecimientos para que desde el momento en que se busca estacionamiento aparezca la oferta de toda clase de droga. Taxistas, cadeneros, meseros y bañeros tienen todo lo que demande el cliente. Claro, según el sapo la pedrada.

Y en efecto, los tentáculos del cártel de Tepito están en todos los niveles socioeconómicos y al alcance de todos los bolsillos. Si el consumidor es un ciudadano de elevado nivel socioeconómico —digamos que vive o trabaja en Santa Fe—, entonces existe un eficiente servicio a domicilio, las 24 horas del día y los 365 días del año. Basta una llamada, con un filtro de seguridad —una voz que hace algunas preguntas de protección—, y la droga llega a la puerta de su casa.

Bueno, el control del cártel de Tepito es tal en antros, bares y cantinas que —según diversos testimonios— los jefes delegacionales poco o nada pueden hacer para iniciar inspecciones o una clausura. Abundan casos en los que un jefe delegacional obligado a revisar y/o clausurar un antro, como respuesta recibe un mensaje amenazante; de vuelta le envían al supervisor amarrado, amordazado, golpeado, encajuelado y con una advertencia macabra.

Eso sin contar con una realidad aplastante: que según testimonios de expertos en la materia, los empresarios de antros, bares y cantinas y casinos —entre los que no es extraño encontrar a políticos del PRI, PAN y PRD— suelen ser “ciudadanos ejemplares”, que sin más sacan de su bolsa jugosas cantidades de dinero —en efectivo, claro— para estimular la democracia electoral. Es decir, para financiar campañas electorales de los jefes delegacionales a los que, literalmente, compran. En otras palabras, que financian la campaña de tal o cual delegado y, a cambio, reciben impunidad.

Pero esa apenas es una parte del negocio del cártel de Tepito. El otro “filón” millonario se localiza en el cobro de piso. ¿Y a quién le cobra piso? También en este caso la pluralidad y la democracia de las mafias criminales es de aplauso. Extorsionan a todo aquel propietario de negocio que parezca o sea rentable; con capacidad de obtener utilidades. En este caso no existe discriminación, exclusividad en la razón social o el giro del negocio seleccionado para extorsionar. Desde el más humilde “changarro” hasta el más ampuloso restaurante o empresa.

Y el modus operandi es de verdaderos profesionales. Resulta que los halcones del cártel de Tepito están por todas partes, sobre todo en estacionamientos públicos, de donde obtienen datos, teléfonos y direcciones de sus víctimas, a las que espían por semanas o meses. Una vez con el expediente listo, un mensajero avisa al dueño del negocio el monto de la extorsión. Uno, dos y hasta tres avisos. Si no hay respuesta viene la presión. El secuestro del dueño o de un pariente, por horas o días. El extorsionado no tiene escapatoria. Sus extorsionadores conocen todo sobre su vida y la de su familia. O paga o… cuello. Al momento de iniciar el reporteo del tema, seis dueños de negocios del perímetro Condesa-Roma —nos reservamos el giro del negocio y el nombre de las víctimas por seguridad— habían sido secuestrados en días recientes. Al momento de iniciar la redacción uno fue liberado. La experiencia es brutal: no habla y no quiere recordar. Contrajo una deuda mensual que tiene que pagar, si quiere seguir. Eso, y mucho, más ocurre en el Distrito Federal, la ciudad más segura del país. ¿Cómo estará el resto? Al tiempo.

EN EL CAMINO

En carta a la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda, el ex gobernador de Michoacán Leonel Godoy niega desfalcos durante su gobierno, como se comentó en esta columna el pasado 23 de mayo y pide que se le informe si existen indagatorias al respecto.



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