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Tintero económico | Alejandro Villagómez

Capital nacional vs. capital foráneo

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

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El origen del capital, en la mayoría de los casos no es lo relevante, sino el marco institucional y los incentivos que genera para promover mayor competencia y eficiencia en la producción de bienes y servicios
Miércoles 03 de abril de 2013

Éste tema constituye una vieja discusión en nuestro país, y seguramente en muchos otros países del mundo, pero que retoma nuevos bríos cuando se discuten reformas como la actualmente propuesta sobre telecomunicaciones y que incluyen aumentar la participación del capital extranjero en el sector. Pero la principal característica de este debate es su alto contenido político-ideológico y en donde destacan las posiciones extremas. Por un lado tenemos a aquellos que sostienen posiciones nacionalistas a ultranza y en donde el capital extranjero es sólo una modalidad más del imperialismo capitalista en su fase superior, apropiándose de nuestros recursos, mercados y riqueza, mientras que por el otro tenemos a fundamentalista del mercado en donde la inversión extranjera es la expresión máxima de la competencia internacional que fortalece la disciplina de mercado. Ambas posiciones se pierden en la ideología y resultan poco útiles en la discusión. Ni la defensa del capital nacional ni el apoyo al capital foráneo son garantía de mayor crecimiento y beneficios para el consumidor.

Ejemplos abundan que ponen en duda ambas posiciones, y los podemos encontrar sin mayor problema en nuestra propia economía. Tenemos sectores con fuerte dominio de capital nacional, pero que la estructura de sus mercados son poco competitivas; en donde la provisión de sus bienes y servicios es deficiente, con una calidad que deja mucho que desear; en donde la incorporación del avance tecnológico es limitada y en donde existe una sistemática extracción de rentas y del excedente del consumidor. Este es el caso de la telefonía, aunque no es el único ejemplo y la lista es amplia. Este es un ejemplo en donde el dominio del capital nacional no es una garantía para promover mayor crecimiento y generar amplios beneficios al consumidor como lo han documentado diversos estudios, incluyendo algunos de organismos internacionales. Por otro lado, tenemos sectores en donde existe un amplio dominio del capital extranjero, pero que tampoco se ha traducido en mayor competencia, mayor eficiencia, mayor promoción del crecimiento y mayores beneficios para el consumidor. Este es el caso del sector bancario, aunque también hay otros ejemplos.

Sabemos que entornos altamente proteccionistas y en donde se favorece al capital nacional terminan generando importantes distorsiones que derivan en enormes ineficiencias y en la provisión sub óptima de bienes y servicios a costa de un menor beneficio para el consumidor y efectos limitados sobre el crecimiento económico. Pero también existen serios problemas con el capital foráneo, el cual toma la forma de Inversión Extranjera Directa (IED). Podemos referirnos a una amplia literatura empírica y teórica que sugiere que no se cuenta con evidencia contundente y clara de una causalidad unidireccional de la IED a un mayor crecimiento económico. En general, se esperaría que la IED fuera motor del crecimiento si consigue lograr rendimientos crecientes sobre la producción a través de la transmisión de tecnología extranjera sobre la economía local, lo cual puede lograrse vía la transferencia de nuevas tecnologías e ideas, la importación de tecnologías existentes y su adopción, así como sus efectos sobre el crecimiento del capital humano. Pero también existe literatura que sugiere efectos negativos. Por ejemplo, existe la posibilidad de que la IED genere un efecto crowding out (desplazamiento) sobre la economía local por lo que el efecto de esta IED sería nulo o negativo y sólo favorecería a la economía en desarrollo proveedora de esa inversión. O por ejemplo, en referencia al capital foráneo en el sector bancario algunos estudios sugieren la posibilidad de que cuando la participación de este capital foráneo es dominante, se registre una disminución en el crédito en la economía si ésta presenta una importante participación de micros, pequeñas y medianas empresas, ya que los bancos foráneos no atenderían a este sector que demanda una tecnología más “suave” en la que las relaciones personales son más importantes. El punto central es que los efectos positivos finales de la IED en la economía receptora dependen de muchos factores y no están siempre garantizados.

Haciendo a un lado el tema del factor “estratégico” como limitante a la IED en algunos casos, los menores, creo que lo más importante no está en el origen del capital, sino en el marco institucional y legal existente y los incentivos generados que garanticen realmente una mayor competencia, mayor eficiencia y mayores beneficios para los consumidores en cada mercado y sector de la economía. Éste debiera ser el tema central del debate y un objetivo fundamental en cada reforma. Si nuestro marco institucional sólo promueve estructuras no competitivas y la extracción de rentas, da lo mismo que el capital sea nacional o foráneo. Al final, el resultado será negativo para el crecimiento económico y el bienestar de los consumidores. En este sentido, el mayor esfuerzo que debe realizarse en el proceso actual de reformas debe encaminarse a modificar este entorno institucional y a generar las reglas del juego adecuadas y los incentivos correctos.



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