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Tintero económico | Alejandro Villagómez

¿Queremos crecer? Educación de calidad

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

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No basta con modificar el marco legal en esta materia, el gran reto estriba en definir la estrategia concreta para lograr mejorar la calidad de nuestros profesores
Miércoles 06 de febrero de 2013

Sabemos que el tema central en la agenda económica del gobierno es el del crecimiento económico, cuyo comportamiento desde hace ya muchos años ha sido simplemente pobre. Como lo mencioné en mi nota de la semana pasada, este tema se ha discutido intensamente y sobre diagnosticado por académicos, analistas y organismos internacionales en la última década, por lo que quisiera dedicar ésta y otras notas más a recuperar parte de esta discusión, y en esta ocasión me refiero al tema de la educación.

Recientemente se aprobó una reforma constitucional importante que introduce algunos cambios en materia de educación, incluyendo el tema de la evaluación. Sin dejar de reconocer la relevancia de esta acción, es importante recordar que es tan sólo un punto inicial que modifica el marco formal, pero lo realmente importante será su implementación, lo cual por cierto será un proceso largo y complicado. El gran reto será cómo aumentar su calidad. Sabemos que tanto la teoría económica como amplia evidencia empírica señalan que el capital humano es un insumo crítico para alcanzar mayor crecimiento en el largo plazo por lo que los dividendos de mejorarlo son enormes y un aspecto central para lograr este objetivo es mejorar la calidad en la educación.

“Un número grande de estudios internacionales muestran que la enseñanza con alta calidad es la llave para mejorar a las escuelas. Existen efectos positivos bien establecidos derivados de recursos adicionales, la mejora en los edificios, mayores salarios (especialmente cuando están vinculados a los resultados), una provisión extendida de tecnología de la información y un menor tamaño de los grupos. Pero estos efectos parecen ser muy modestos en comparación con los grandes beneficios que se pueden obtener aumentando la calidad de los profesores. Desgraciadamente, predecir quien será un profesor efectivo antes de que empiecen a trabajar es muy difícil y no puede capturarse bien por las cualificaciones formales de los profesores ni por el número de años en la profesión…en este sentido, un sistema para mejorar la calidad de los profesores tiene que utilizar información adquirida de la observación de los profesores en el trabajo y ser reactiva a su desempeño” La evaluación ex post es más fácil y permite una selección más rigurosa.

Estas ideas se ajustan perfectamente a nuestro país, pero son parte de un reporte recientemente elaborado por una comisión de economistas académicos de la London School of Economics en el Reino Unido cuya tarea central fue analizar el pobre crecimiento en ese país y elaborar una propuesta para enfrentarlo. La calidad en la educación es uno de los temas centrales en su propuesta. Estamos hablando de un país desarrollado que quiere mejorar sus indicadores internacionales en educación para acercarse a países como Alemania o Finlandia y lograr mayor crecimiento económico. Nuestro problema es más grave, porque a diferencia del Reino Unido, nuestro crecimiento no está disminuyendo, sino que se ha estancado en bajos niveles desde hace décadas y porque nuestros indicadores internacionales en educación están bastante lejos de esos países.

En este sentido nuestro reto es mucho mayor y los obstáculos también. Aun suponiendo que el tema de la evaluación avanzara sin grandes problemas, ¿cómo se piensa evitar posibles mecanismos de auto defensa como son la “inflación en calificaciones” o la captura del proceso de evaluación por parte de los evaluados? La pregunta relevante es ¿cuál será la estrategia concreta para lograr mejorar la calidad de los profesores? Es un proceso muy complicado y de muchos años. En muchos casos va a requerir la sustitución “generacional” del profesorado. Hay que tomar en cuenta que para muchos profesores cercanos a su jubilación, los incentivos para que mejoren su desempeño y adquieran nuevos conocimientos son simplemente nulos. Y aun suponiendo que exista disposición, modificar prácticas y costumbres arraigadas no es un asunto trivial. Por cierto que la sustitución “generacional” tampoco es una garantía si no se resuelve el problema en las normales. Hay que recordar que muchas de ellas están capturadas “políticamente” y sólo reproducen los comportamientos de grupos de poder que se observan ya durante la vida magisterial en este país.

Por otro lado, no sólo es un asunto de evaluar a los profesores, sino de proveerles con las herramientas adecuadas para garantizar esta mayor calidad. Por ejemplo, está ampliamente documentada la importancia que tiene la enseñanza de las matemáticas en una sociedad. Platón argumentaba que las matemáticas y la geometría enseñaban habilidades para enfrentar y resolver problemas, para analizar y pensar. En otras palabras, su enseñanza adecuada provee de fundamentos sólidos útiles para muchos aspectos de la vida diaria que en conjunto terminan siendo positivos en el acervo del capital humano en una economía y contribuyen a mayor eficiencia, productividad y crecimiento. En México, este aspecto ha sido un fracaso como lo demuestran los resultados internacionales como PISA, y como lo demuestra el hecho de que una enorme cantidad de alumnos llegan al nivel profesional huyendo de carreras con contenido matemático. ¿Existe una estrategia concreta cómo se va a modificar esta cultura “anti matemáticas” y cómo tendremos profesores mejor preparados capaces de transmitir de manera adecuada la enseñanza de la matemática? Es sólo un ejemplo para mostrar que el reto de lograr una mayor calidad en la educación es enorme y urge empezar ahora ya que sus resultados sólo los veremos dentro de muchos años más.



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