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Tintero económico | Alejandro Villagómez

¿Será México la nueva potencia del Siglo XXI?

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

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Primero tenemos que resolver problemas fundamentales como los niveles de pobreza, la baja productividad y nuestras pobres tasas de crecimiento
Jueves 28 de febrero de 2013

Al menos esta idea parece estar flotando desde hace ya algunos meses entre varios articulistas y columnistas de diversos prestigiados medios internacionales, como el Financial Times, The Economist y el New York Times. El ejemplo más reciente es la nota publicada el domingo pasado en el NYT por Thomas Friedman y que ha provocado todo tipo de reacciones, destacando aquellas que la consideran totalmente fuera de lugar y poco objetiva, no sólo en México sino incluso en Estados Unidos. Basta revisar los comentarios de Dean Baker del “Center for Economic and Policy Research”. En lo personal no me preocupa mucho que existan estas notas en la prensa internacional y, en todo caso, acepto que prefiero ver notas positivas, aunque siempre se agradecen los análisis más serios y críticos que contribuyan de manera constructiva al debate interno.

Lo que realmente me preocupa es que éste pueda convertirse en el tono del discurso del gobierno actual y de buena parte de los medios. Me queda claro que todos los mexicanos tenemos la legítima aspiración y deseo de ver convertido a nuestro país en una potencia económica mundial, pero no podemos caer en un discurso triunfalista poco objetivo, falto de autocrítica y autocomplaciente. No sería la primera vez que esto ocurre. En los setentas nos vendieron la idea de que México se perfilaba en ese sentido y deberíamos aprender a administrar la abundancia. Pero la realidad fue otra: la de una profunda crisis y el estancamiento económico durante casi una década. A principio de los noventas nos vendieron la idea de que México estaba a un paso de ingresar al círculo de los países ricos gracias a las reformas que se implementaron, a la firma de los tratados de libre comercio y nuestro ingreso a la OECD. La realidad fue nuevamente otra. Una profunda crisis en 1995 y más de una década con un crecimiento raquítico.

Puedo entender que el Sr. Friedman tenga tan poco conocimiento de la economía mexicana y sólo reprodujera información que le proporcionaron en los centros que visitó en Monterrey y que cita en su artículo. No me extraña entonces sus rápidas conclusiones. Pero nosotros sabemos que ese no es el tema relevante de nuestra discusión actual. En estos momentos y desde hace algunos años nuestra principal preocupación es encontrar la fórmula correcta que nos permita recuperar mayores tasas de crecimiento sostenibles en el tiempo. Nuestros temas prioritarios tienen que ver en cómo reducir de manera significativa y permanente los aún altos niveles de pobreza; cómo lograr aumentar la productividad de nuestra fuerza de trabajo y, en general, la productividad total de nuestros factores; cómo mejorar y modernizar nuestra infraestructura; cómo lograr producir más energía y reducir el costo que ésta representa en los procesos productivos; cómo reducir o eliminar las estructuras monopólicas y oligopólicas que existen en muchos de nuestros mercados de bienes y servicios y que son un lastre y fuente de rentas para algunos grupos; cómo lograr mejorar los niveles de ingresos de la población y poder hacer efectiva la ventaja que significa tener una creciente clase media; como tener un esquema fiscal y hacendario más eficiente, productivo en recaudación y justo; cómo mejorar nuestro marco institucional que garantice la protección de los derechos de propiedad y genere los incentivos adecuados para promover mayores oportunidades productivas y no sólo actitudes rentistas; cómo lograr que nuestros estudiantes puedan acceder a una educación con calidad, pero sobre todo, cómo garantizar que todas nuestras autoridades trabajarán con decisión, honestidad y voluntad para resolver estos problemas.

Estos son los temas relevantes que nos tienen ocupados y mal haríamos en perder el piso festejando victorias inexistentes o vendiendo castillos de papel. Y por cierto, espero que no se tome muy en serio el comentario en la nota de Friedman en el sentido de que nos hemos reposicionado respecto a China gracias a que sus costos salariales han aumentado y los nuestros no. Es cierto que esto ha sucedido por diversas razones, pero creo que esa es una pésima idea o principio, mantener esta situación para alcanzar una posición como potencia económica. Trabajemos para lograr aumentar la productividad y con ella los salarios.

Yo siempre he pensado que una de las ventajas de haber ingresado a la OECD no fue el formar parte del grupo de países ricos, sino el de haber abierto a nuestro país al escrutinio crítico internacional. Haber sacado a nuestras autoridades, y también al sector privado, de una zona de confort como lo es la autocomplacencia. Aún falta mucho por aprender en esta materia, pero no perdamos lo que ya hemos avanzado al respecto.



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