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Tintero económico | Alejandro Villagómez

¿Queremos crecer? Mayor competencia

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

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Si no logramos tener mercados más competitivos, será muy difícil entrar al círculo virtuoso de mayor innovación, productividad y crecimiento
Miércoles 20 de febrero de 2013

Continuando con esta serie de comentarios dedicados al tema del crecimiento económico en México que inicié hace algunas semanas, en esta ocasión haré referencial al tema de la competencia. Como he mencionado en otras ocasiones, el problema de nuestro raquítico crecimiento en las últimas décadas está sobre-diagnosticado y se ha detectado una amplia lista de factores que explican esta situación. Sin embargo, considero que el aspecto de la competencia es sin duda uno al que hay que dedicarle atención especial, ya que nuestra economía muestra serios y profundos problemas por la falta de esta competencia y la presencia de diversos grupos de poder (en todos los sectores), monopólicos y oligopólicos que se dedican a extraer rentas y apropiase de excedente del consumidor, lo que sin duda es un obstáculo al crecimiento y a un mayor bienestar para las mayorías.

En la literatura económica, teórica y empírica, existe amplia evidencia de la importancia de la competencia como factor que promueve el crecimiento. Dos reconocidos académicos, Aghion y Griffith, hacen referencia a esta literatura. Señalan que desde los años novenas se ha mostrado que mayor competencia favorece mayor innovación. Otros estudios muestran que una menor competencia que conduce a altas rentas limita el crecimiento de la productividad total de los factores (TFP) y que existe una interacción entre competencia y la propiedad de las empresas. Aquellas que tienen una participación dominante de los accionistas para monitorear el comportamiento de los directivos y administradores junto con una mayor competencia son propicias a una mayor innovación y al crecimiento de esta TFP. También existe evidencia de que una mayor facilidad de entrada a un mercado se encuentra asociada con un mayor crecimiento de la productividad para aquellas empresas que se ubican cerca de la frontera tecnológica. En resumen, esta literatura apunta a una relación positiva entre competencia, innovación, mayor productividad y crecimiento.

En varios países se ha mostrado que periodos de alto y sostenido crecimiento se explican en buena parte por un aumento en la competencia en los mercados de productos vía la reducción o eliminación de subsidios, movimiento hacia una competencia efectiva en varios sectores que han sido privatizados para lo cual es fundamental el papel de reguladores independientes y, en general, a través del fortalecimiento de la política de competencia. Estos países han entendido el mensaje de que mayor competencia mejora la productividad, la administración y la innovación, pero por desgracia parecería que este no es el caso de nuestro país.

También hay que tener presente que una mayor competencia requiere de un cambio institucional profundo; de nuevas reglas del juego que permitan generar los incentivos correctos alineados con el objetivo de crear nuevas oportunidades y riqueza y no con el de generar rentas monopólicas y redistribuir el ingreso. Estas últimas son características arraigadas en nuestra economía. Es necesario buscar soluciones institucionales innovadoras para el diseño y la implementación de políticas más efectivas y en muchos casos esto requiere encontrar un mejor balance entre la discreción política, el insumo tecnocrático y reglas predecibles. Esto es, poner a la política en el lugar correcto. Esto es crucial para crear un clima propicio y un ambiente adecuado para la inversión productiva.

En México existe aún un largo camino por recorrer en esta materia. Es necesario tener una fotografía clara sobre nuestras deficiencias en términos de competencia. Es cierto que cuando hacemos referencia sobre este tema usualmente pensamos en los casos más llamativos como la telefonía, televisión, energéticos o la banca. Estos sectores son muy importantes por su peso relativo en la estructura económica y la relevancia de su papel en los procesos productivos, pero la falta de competencia se extiende a muchos otros sectores productivos de nuestra economía, tanto privados como públicos. Estos casos también hay que tenerlos presentes y actuar cuando así se requiera.

Es importante recordar que no es suficiente crear entidades reguladoras y supervisoras si no cuidamos su diseño y las dotamos de las armas adecuadas para realizar de manera efectiva su trabajo. La independencia y autonomía no tienen sentido si no se logra encontrar el balance adecuado entre la política y lo técnico. Este es un tema que merece tratarlo con mayor detalle en el futuro en otra nota.

Finalmente, debe quedar claro que si no se atiende este tema con verdadera convicción y decisión, otras de las reformas estructurales propuestas y/o ya aprobadas como la educativa o la energética no tendrán todos los efectos esperados sobre la productividad y el crecimiento.



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