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Tintero económico | Alejandro Villagómez

Educación económica y financiera ¿tema relevante para EPN?

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

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El problema del analfabetismo económico y financiero debe enfrentarse en el contexto de una política pública bien definida, clara e integradora
Miércoles 13 de febrero de 2013

Revisando la prensa inglesa me encuentro con una noticia que me ha llamado la atención. Como parte de sus esfuerzos por reestructurar sus planes de estudio, se ha introducido como tema obligatorio el de la educación financiera, aunque no como materia. Temas de matemáticas financieras se incluirán como parte del estudio de las matemáticas mientras que las capacidades financieras se incluirán en la materia de educación cívica.

En realidad esto es parte de un esfuerzo más amplio que se realiza en este país y otros países desarrollados desde hace algunos años en donde se ha reconocido la importancia que tiene la educación económica y financiera como un medio para aumentar el bienestar de la población y lograr un mejor funcionamiento del sistema económico. Este esfuerzo incluye el medir los niveles de analfabetismo económico y financiero, promover los estudios que ayuden a entender los efectos individuales y colectivos de esta situación e incluir estrategias y acciones precisas de política pública para resolver este problema.

Este es un tema de relevancia mundial y muchos organismos internacionales lo han incluido como parte de su agenda de prioridades. De hecho, este tema, junto con la inclusión financiera han sido parte de la agenda del G-20. Como lo he escrito en otras ocasiones, éste no es un asunto de cultura general, sino de educación básica y fundamental. Los individuos estamos expuestos día a día a una gran cantidad de decisiones que requieren del conocimiento adecuado de muchos conceptos económicos y financieros.

Tomamos decisiones de gastos y ahorro, uso de créditos o tarjetas, decisiones laborales y otro tipo de contratos y en todos estos casos es importante entender conceptos como inflación, diferencia entre valores nominales y reales, tasa de interés compuesta, por mencionar sólo algunos. El pensar que estos conceptos y otros financieros sólo son relevantes para individuos de altos ingresos es un error. Sólo basta recordar que ahora todos los trabajadores que forman parte de un sistema de pensiones administrados por Afores son parte de este mundo de inversionistas y debieran entender que sucede, ya que su pensión dependerá de estas decisiones de inversión. El problema fundamental es que el analfabetismo económico y financiero conduce en muchos casos a decisiones equivocadas con un alto costo para los individuos que se refleja en una pérdida de ingresos, activos y de bienestar con consecuencias incluso de largo plazo.

México no es ajeno a estos esfuerzos. Por ejemplo, en la administración pasada el tema de la educación financiera formó parte del Programa Nacional de Financiamiento para el Desarrollo y se tomaron diversas acciones al respecto. Pero en perspectiva, considero que su enfoque fue limitado y en otros casos equivocado, por lo que los resultados no creo que sean favorables. Por ejemplo, lo que menciono sobre los programas educativos en Inglaterra al inicio de esta nota fue una acción que se buscó en el sexenio pasado vía la SEP. Fui invitado a formar parte de un comité, del cual por cierto me retiré por no estar de acuerdo con sus trabajos y propuestas. No se entiende que este no es un asunto de lograr metas burocráticas o de buenas intenciones y que se requiere de un trabajo técnico serio. Tampoco se trata de tener una semana al año dedicada a este tema y olvidarse el resto del tiempo a promover este tema.

He insistido en múltiples ocasiones que si se quiere atender el problema de manera seria, el gobierno tiene que tomar la rectoría en términos de una política de Estado. Conformar un comité o comisión con criterios técnicos y no políticos y definir un programa nacional con lineamientos, estrategias y objetivos claros y precisos. En México, este tema lo atienden diversas entidades públicas y privadas, algunas de primer nivel como el Museo interactivo de economía (MIDE) pero por razones obvias con alcances limitados. Todos estos esfuerzos se podrían potenciar si existiera una entidad integradora y una política común, precisa y clara. Este esfuerzo de política pública también incluye el poder mediar la magnitud del problema de manera sistemática. Sabemos que el analfabetismo económico y financiero es alto, pero no sabemos su magnitud con precisión ni podemos evaluar los resultados de las acciones públicas y privadas que se han tomado en el pasado.

En este punto también he insistido que el Inegi debiera incluir en algunas de sus encuestas nacionales un pequeño modulo con preguntas claves que capturen de manera adecuada este tema en el país. Hace más de una década, Mitchell y Lusardi, dos académicas en Estados Unidos, incluyeron en una encuesta nacional de ese país una batería inicialmente de alrededor de 5 preguntas para medir este problema en ese país. Estas preguntas fueron después adoptadas por otros países, lo que no sólo ha permitido medir este problema de manera más amplia, sino permitir la comparación internacional y realizar evaluaciones de políticas y acciones implementadas en el pasado. Sin embargo mi sugerencia no ha tenido eco y seguimos dependiendo de encuestas no sistemáticas, acotadas, limitadas y varias de ellas mal diseñadas. Ojalá también avancemos en este aspecto.

A todo esto, ¿qué plantea la nueva administración sobre este tema?



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