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Economía Informal | Macario Schettino

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Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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Martes 29 de enero de 2013

No me refiero sólo a su relación con la oposición, con la que firma un Pacto por México que supuestamente abre las puertas a los acuerdos que hace 15 años no ocurren, mientras la va golpeando de diferentes formas. También se nota la indefinición en sus relaciones con el resto del mundo, o en particular con América Latina, a partir de la reciente gira del presidente Peña Nieto.

Por un lado se anuncia una especie de bloque comercial con Perú, Colombia y Chile, en la lógica del Pacífico, y por otro declara el presidente que México va a apoyar la presidencia de Cuba en la CELAC. Uno puede pensar que ambas cosas son en realidad formalismos. Por un lado, México está en el proceso del TPP, en el que también está Perú, y del que forma parte Chile desde su fundación. Colombia ha anunciado su interés en incorporarse. Así, el anuncio reciente sería sólo un paso más en este proceso que, por cierto, de alguna manera puede servir de contrapeso a Brasil en Sudamérica. Del otro lado, el apoyo a la presidencia de Cuba, de Raúl Castro, en CELAC, puede no ser más que un gesto protocolario.

Si uno intenta descubrir cuál es en realidad la visión del gobierno frente a América Latina, no lo logra con base en el discurso de Peña Nieto, o al menos de lo que la prensa reporta de él. Se anuncia una mayor cercanía de México con el continente, y se habla de integración, unidad, de nuestros pueblos, es decir, lo de siempre.

Esta indefinición no necesariamente es una mala cosa. En política, posponer las decisiones hasta que son ineludibles es una estrategia bastante útil, porque ayuda a mantener las alianzas por más tiempo. Y las alianzas lo son todo. Tal vez eso es lo que está buscando el gobierno de Peña Nieto, posponer lo más posible sus definiciones, mientras logra construir las alianzas que las hagan posible.

Esto puede imaginarse cuando uno ve lo que está ocurriendo ya en la lógica de la reforma energética. Por un lado, desde Pemex se empieza a hablar de los avances que una reforma traería consigo (aunque dicha reforma sea aún inexistente). Desde Morena se organiza ya la defensa de la soberanía, lo que ha obligado al PRD a regresar a sus viejas fórmulas, aunque siguen aclarando que defender la propiedad del petróleo no es lo mismo que promover la competencia en el sector. Es bueno que empiecen a ver las diferencias.

La forma en que se procesará esta reforma (o para el caso, la hacendaria), es determinante para el resto del sexenio. Si se logra constituir una alianza que sostenga esos cambios, el gobierno se fortalecerá y tendrá un margen de acción nada menor por el resto de su período. Pero si la alianza se desmorona, o si es insuficiente para la reforma buscada, entonces la debilidad del gobierno también durará el resto del sexenio, y nos pasará como ocurrió con Fox cuando no pudo sacar su aeropuerto, o con Calderón cuando sus reformas resultaron demasiado débiles (como la energética), o incluso contraproducentes (como la electoral).

Así pues, me parece que seguimos como estábamos: no sabemos qué exactamente piensa hacer el gobierno de Peña Nieto. Como imaginábamos desde el año pasado, oscila entre la vieja tradición del PRI, el nacionalismo revolucionario, y la moderna visión tecnocrática, como se le ha llamado en México. Esa indefinición puede ser reflejo de la personalidad presidencial, o puede ser un planteamiento estratégico. Si fuese lo primero, los problemas serán mayúsculos. Si es lo segundo, es cosa de esperar unos meses, porque en este año tendrá que definirse.

Ahora permítame regresar al tema de la Cruzada contra el hambre, que comentábamos el martes pasado, porque una amable lectora, que además trabaja en Coneval, tuvo la bondad de indicarme que en la colaboración que le refiero me confundí, y peor, lo confundí a usted, por la forma en que describía las seis dimensiones de la pobreza y el tema del ingreso.

La medición multidimensional de la pobreza que realiza Coneval incluye seis dimensiones, y además la medición del ingreso. En mi texto de la semana pasada, al describir esas dimensiones, mezclé el tema del ingreso, que fue sobre lo que comenté la mayor parte del artículo. Decía yo: “Las seis dimensiones que mide Coneval son: la vivienda (características y tipo), los servicios en la vivienda (agua, electricidad, etcétera), educación, salud, seguridad social e ingreso.” Pero la sexta dimensión, que es el acceso a la alimentación, se quedó fuera.

El resto del artículo, como le decía, me concentré en analizar el tema del ingreso, pero por el error mencionado parecería que hablaba al mismo tiempo de esa sexta dimensión, el acceso a la alimentación, con lo que, para quienes conocen más profundamente del tema, acababa siendo muy confuso. Espero que la corrección sea útil, aunque no afecta mucho las conclusiones de la semana pasada: seguimos sin saber bien a bien en qué consiste la Cruzada, no sabemos cómo se definió la población objetivo, ni en número ni en localización, y al menos yo sigo pensando que hay un gran riesgo de que estemos frente a un programa asistencialista con potencial uso electoral.

Es decir, un caso más de la indefinición a que me refiero: anunciar un programa “nuevo” que tiene un sospechoso parecido con lo que se hacía hace 20 años, cuando este país era otro.

No vaya a ser que esa sea la dirección en que están pensando.



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