aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Tintero económico | Alejandro Villagómez

Déficit cero

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

Más de Alejandro Villagómez


¿Es posible contar con una política fiscal que promueva un mayor crecimiento sin poner en riesgo nuestras finanzas públicas?
Miércoles 12 de diciembre de 2012

Desde los primeros cursos de economía, usualmente enseñamos a nuestros alumnos el modelo estándar de decisión de un agente, el cual señala que un individuo racional busca mantener una senda óptima de consumo a lo largo de su vida y con esto un nivel de bienestar estable. Debido a que el ingreso muestra una mayor variabilidad, los individuos recurren al “mercado financiero” para poder transferir intertemporalmente sus recursos y lograr su objetivo. Esto es, cuando mi ingreso es menor en relación a mi consumo óptimo, debería pedir prestado (endeudarme) para poder financiar mi nivel deseable de consumo. Cuando mi ingreso es mayor a este nivel óptimo de consumo, entonces ahorraría (o pagaría mis deudas), lo cual significa transferir consumo presente a consumo futuro. En pocas palabras, en este marco, los individuos deberíamos de estar en posibilidad de transferir en el tiempo nuestros recursos para mantener nuestro nivel de consumo (y bienestar) deseable. Esto siempre y cuando cumplamos con nuestra restricción presupuestal, o dicho de otra forma, si nos endeudamos debemos estar en capacidad de repagar en un futuro dicha deuda.

Este comportamiento también es válido para otros agentes en la economía, como las empresas o el gobierno. En el caso de éste último, el tema hace referencia a su política fiscal, la cual consiste en manejar variables como gasto público, ingreso público (tributario y no tributario) o decidir cómo financiar su déficit (deuda pública). En principio, el modelo estándar también sugiere que la política fiscal óptima es aquella que asegura un nivel de consumo (o gasto) estable sujeta a la restricción presupuestal intertemporal del gobierno. Es decir, la autoridad debería definir un nivel de gasto deseable (que implique una provisión óptima de bienes públicos), acorde con sus ingresos en el tiempo, de tal forma que su nivel de endeudamiento tienda a cero en el tiempo. Técnicamente es lo que se conoce como sustentabilidad fiscal. Pero esto NO significa mantener un saldo cero (o déficit cero) en todo momento. Significa que para mantener este gasto óptimo y respetando su restricción presupuestal, existirán momentos en los que ocurrirá un déficit (financiado con deuda) y otros momentos con superávit (que permitirán pagar deuda).

El “déficit cero” es una regla fiscal que se autoimpone un gobierno por distintas razones. En el caso de México, la principal razón ha sido la de mostrar a los mercados financieros internacionales la existencia de un compromiso explícito y claro de mantener un manejo prudente y responsable de sus finanzas públicas en contraposición al manejo caótico registrado durante la década de los setenta que condujo a la crisis de deuda en los ochenta y que pagamos muy caro. Es un mecanismo para lograr credibilidad y reputación. En este sentido, la decisión de adoptar dicha regla fue adecuada y cumplió una función específica durante la última década. Sin embargo, debe quedar claro que una regla de “déficit cero” no necesariamente garantiza en todo momento el mayor crecimiento económico.

A mis alumnos les digo que un buen macroeconomista en la arena pública es aquel que logra demostrar su habilidad en el manejo de sus instrumentos y herramientas acorde con la teoría económica, para coadyuvar al mayor crecimiento económico posible en un marco de estabilidad. En política fiscal significaría compatibilizar el mayor crecimiento económico con finanzas públicas sanas. Creo que el objetivo de mostrar a los mercados internacionales el compromiso del país de este manejo responsable de finanzas públicas se ha logrado en buena medida. Al menos eso es lo que ha venido aseverando nuestra autoridad en los últimos años. Sin embargo, los niveles de crecimiento no han sido los deseables, por lo que considero que en este momento, éste sería uno de los retos más importantes, y la política fiscal puede contribuir a este fin. No obstante, si la idea es seguir pensando que lo único relevante es mantener un “déficit cero”, entonces en realidad no requiero de un macroeconomista. Basta con tener un buen contador que mantenga bajo control las cuentas públicas. (Por cierto, dos temas que no discuto aquí es el de corregir los problemas estructurales en las finanzas públicas y el de si la variable de saldo fiscal relevante son los requerimientos financieros del sector público)

Pareciera que el “déficit cero” se ha convertido en un fin y no en un medio para alcanzar mayor crecimiento. Esto último es una restricción adicional. Creo que si queremos ver un cambio cualitativo en política fiscal, es momento de que la nueva autoridad demuestre su destreza en el manejo macroeconómico en esta materia. Existen varias posibilidades, como por ejemplo adoptar el concepto de déficit estructural como lo he mencionado desde hace años. Lo importante es mostrar que es posible que nuestro país alcance mayores tasas de crecimiento sin poner en riesgo su posición fiscal. Al menos, esto es lo que me gustaría ver en la política fiscal de esta nueva administración.



PUBLICIDAD