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Tintero económico | Alejandro Villagómez

El Buen Fin ¿reforzado?

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

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Si realmente se quiere que este evento sea un éxito, los comercios deben estar dispuestos a ofrecer descuentos agresivos, sustanciales y generalizados
Miércoles 14 de noviembre de 2012

El próximo fin de semana se realizará la segunda edición de “El Buen Fin”, evento que busca imitar al “Black Friday” norteamericano, pero que en nuestro caso tiene una duración de tres días. Ésta es una iniciativa del sector privado, particularmente el comercial y de servicios, con la principal finalidad de reactivar estos sectores de la economía. El gobierno lo ha visto con buenos ojos y lo ha apoyado esperando que este evento tenga un impacto positivo sobre la producción, ventas y empleo. Si bien ésta puede ser una buena iniciativa, ninguno de estos efectos puede garantizarse.

En Estados Unidos, en donde el “Black Friday” se ha realizado por muchas décadas, los diversos estudios serios sobre sus impactos no son concluyentes. Se ha mostrado que no necesariamente es el día de mayor actividad comercial en ese país, siendo el fin de semana previo a la Navidad el que mantiene el récord en la actividad comercial. También existen resultados que muestran que no necesariamente ha significado un impulso relevante a la producción, empleo y ventas. Finalmente, este evento se ha considerado como una señalización de cómo será la temporada de ventas navideñas, y aún en este caso no ha resultado siempre un indicador confiable.

En el caso de México, diversos organismos como la ANTAD, han señalado que “El Buen Fin” en 2011 fue un gran éxito que provocó un aumento sustancial en las ventas del sector y tuvo efectos positivos en la economía. Puede ser, pero para ser sinceros, no conozco aún algún estudio técnico que muestre dichos resultados. No basta con señalar que las ventas durante noviembre de 2011 fueron las mayores en varios años. Es más, tampoco es suficiente con señalar que el consumo privado en 2011 fue el mayor registrado en los últimos años. Esto no es un indicador de que “El Buen Fin” funcionó. Un análisis detallado requiere de controlar por varios factores buscando aislar el efecto de “El Buen Fin”, lo cual por cierto no es trivial.

En Estados Unidos, este evento se realiza en noviembre, después del Día de Acción de Gracias, dando inicio “oficial” a la temporada comercial navideña. Para fines de su impacto sobre la economía, lo relevante no son las ventas realizadas durante el “Black Friday”, sino la actividad comercial durante toda la temporada decembrina y de fiestas. Quiero suponer que en México se tiene algo similar en mente, de tal forma que lo relevante es considerar las ventas y actividad comercial desde el fin de semana de “El Buen Fin” y hasta el 6 de enero. La lógica es simple. Un individuo promedio tiene en mente un presupuesto para sus gastos en esta temporada en función de su ingreso y capacidad de endeudamiento. Un evento como “El Buen Fin” podría sólo significar una recomposición de este gasto en el tiempo, es decir, adelantar sus compras un par de semanas, pero en el neto no reflejaría un mayor consumo, por lo que el impacto en la economía sería pequeño (considerando efectos de segundo orden).

Para que el efecto fuera positivo, el individuo debería consumir por arriba de ese promedio incentivado por el efecto “El Buen Fin”, y en este caso la variable más importante es el gasto en bienes durables. Es decir, supongamos que yo tengo en mente cierto gasto en alimentos y bebidas para las fiestas decembrinas. “El Buen Fin” no me inducirá a comer dos pavos en vez de uno o tomar el doble de copas. También tengo en mente gastar en regalos para la familia y amigos. En este caso, puede que “El Buen Fin” me induzca a gastar en algunos regalos más debido a sus bajos precios. Pero lo más importante es que, adicionalmente, me gustaría comprar un televisor cuyo precio promedio ha sido 20 mil pesos, pero mi presupuesto no me lo permite pues mi excedente es, digamos, 10 mil o 12 mil pesos. Si durante “El Buen Fin” encuentro este televisor a ese precio, es decir, rebajas de hasta 50% (por señalar una cifra sustancial), entonces si realizaré este consumo, y en el neto habré gastado más este año. Si ampliamos este comportamiento a muchos compradores, entonces sí podríamos esperar un efecto más importante en ventas, producción y empleo.

Como señalé hace un año, para que esta iniciativa tenga un efecto realmente relevante, lo que se requiere principalmente es que los comercios estén dispuestos a actuar de manera agresiva, ofreciendo ofertas y descuentos realmente sustanciales. Además es recomendable que estas ofertas sean generalizadas y no se excluyan productos, y que participe el mayor número de establecimiento posible. Esto no sucedió el año pasado. Habrá que ver si en esta ocasión sí existe voluntad para dar ese paso. De lo contrario, esta iniciativa irá perdiendo “vapor” con el tiempo hasta desaparecer como muchas otras. También es importante señalar que es un error que el evento quiera descansar, como principal incentivo, en la ampliación de beneficios en las compras con tarjetas de crédito. El crédito es útil porque permite reducir la restricción crediticia o de liquidez de un individuo, facilitando la transferencia de sus recursos en el tiempo, pero no puede ser el motor de un evento como el planteado. En cambio, y dado el nivel de educación financiera de la población, puede convertirse en un problema serio en el tiempo. Después de todo, los 6, 12 o 18 meses llegarán a su fin, y si el individuo no internalizó de manera adecuada este gasto, seguramente se verá en serios problemas de creciente endeudamiento y potencial insolvencia. Pero veamos que nos depara este nuevo “Buen Fin”.



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