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Tintero económico | Alejandro Villagómez

Desastres naturales, costos y prevención

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

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Los desastres derivados de eventos naturales son inevitables, pero su costo puede reducirse si existe una política eficaz de prevención.
Miércoles 31 de octubre de 2012

Durante estos días, muchos de los titulares en diversos medios han estado haciendo referencia a los daños que ha causado el huracán Sandy, tanto en el Caribe, como en la costa este de Estados Unidos. La virulencia de este fenómeno amerita la cobertura, pero sabemos que los desastres derivados de eventos naturales como los huracanes, tsunamis o terremotos son noticias recurrentes y sus impactos negativos pueden ser enormes como sucedió en los terremotos de Japón o Chile no hace mucho tiempo. Desde luego que lo más doloroso son las irreparables pérdidas de vidas humanas. Pero también existe un enorme costo asociado a la destrucción material, la dislocación de las actividades económicas y los gastos de reparación y reconstrucción.

Estos eventos son inevitables y, por desgracia, la mayoría no son predecibles, como los terremotos. En el caso de los huracanes, existen avances mediante modelos matemáticos y estadísticos que ofrecen más información, aunque son sólo predicciones aproximadas que en muchos casos se quedan cortas, como sucedió con Katrina hace algunos años también en Estados Unidos. Se estima que este huracán provocó pérdidas por cerca de 110 mil millones de dólares en capital privado y público. También significó una reducción en el crecimiento del PIB de ese país en aproximadamente medio punto porcentual en el tercero y cuarto trimestres del 2005.

De acuerdo al Banco Mundial, se estima que las tormentas, inundaciones, terremotos y sequías provocaron más de 3.3 millones de muertes, además de daños por 2,300 miles de millones de dólares (del 2008) entre 1970 y el 2008. Este mismo organismo señala que para América Latina, el costo estimado anual sería de alrededor de 2 mil millones de dólares. Esto en gran parte debido a que “América Latina se ubica en una zona propensa a los peligros naturales y nueve de los 20 países más expuestos a un impacto económico derivado de un desastre natural se localizan en la región”. Peor aún, la exposición de la población de esta región a ciclones y terremotos se duplicará para el 2050, siendo actualmente de 680 millones de personas.

Si bien estos fenómenos son inevitables, los costos en pérdidas humanas y materiales pueden reducirse de manera importante mediante acciones adecuadas y eficaces de prevención. Este es el tema que discute con amplitud un reporte conjunto del Banco Mundial y Naciones Unidas publicado en noviembre del 2010 con el título Peligros Naturales, Desastres Antinaturales: La Economía de la Prevención Eficaz y en donde después de realizar una valoración de estos costos, explica y argumenta la importancia de la prevención para reducirlos. El reporte afirma que el hecho de que muchos de estos peligros naturales se conviertan en desastres es resultado de políticas y prácticas deficientes. Muchos de estas deficiencias ya las conocemos, como sería el caso de la falta de información disponible en el momento adecuado para que la gente tome las medidas necesarias ante la cercanía de una marejada o un huracán. O la falta de infraestructura adecuada como serían los sistemas de drenaje, para evitar inundaciones. Pero hay otras políticas que de manera indirecta pueden magnificar los efectos negativos de estos fenómenos. Por ejemplo, en el reporte se habla de las políticas de control de rentas, las cuales desincentivas a los propietarios de esos edificios para ocuparse del mantenimiento, edificaciones que luego se desmoronan cuando ocurren estos huracanes o monzones.

El punto central es que el tema de la prevención de desastres debe ser parte importante en la agenda de política pública de los gobiernos con la finalidad de reducir la vulnerabilidad de su población ante estos eventos, ya que el mismo reporte señala que las destrucciones causadas por estas catástrofes aumentarán en el futuro. El reporte presenta un inventario de las posibles medidas a tomar, desde aquellas de bajo costo hasta la necesidad de fortalecer a las instituciones, formales e informales. No sólo la importancia de que existan organismos que aumenten la participación y supervisión del público, sino también de aquellas informales que permitan una mayor participación comunitaria para que se organice y discuta sus propias soluciones.

Como dato interesante, la nota del Banco Mundial señala que Ecuador, Brasil, Costa Rica, Cuba y México son países que han registrado el mayor progreso en la reducción de riesgo de desastres en los últimos años en la región. Sabemos que nuestro país está expuesto de manera importante a estos riesgos, particularmente terremotos y huracanes. Es bueno saber que un organismo internacional reconozca los avances en esta materia, pero también sabemos que aún existen deficiencias que deben atenderse. No puede repetirse lo ocurrido en los terremotos de 1985 ni durante el paso de huracanes como el Gilberto. La cultura de la prevención es fundamental y debe mantenerse en la agenda de política pública de todos los gobiernos.



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