aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Tintero económico | Alejandro Villagómez

Sindicalismo e instituciones

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

Más de Alejandro Villagómez


Es importante avanzar en la reforma laboral y en una mayor transparencia en los sindicatos, pero se requiere modificar el marco institucional actual y sus incentivos
Miércoles 24 de octubre de 2012

Durante las últimas semanas, el tema del sindicalismo mexicano ha estado en primer plano como consecuencia de la discusión de la propuesta de reforma laboral en el Congreso. Por desgracia, para algunos este debate se reduce al simplismo del “blanco y negro” o “sindicatos vs organismos empresariales”. El problema es más complejo y tiene serias implicaciones no solo para el funcionamiento adecuado del mercado laboral, sino para el propio crecimiento económico.

Curiosamente, en medio de este debate ocurrieron un par de eventos que son muy útiles para el entendimiento de la misma discusión. Durante el fin de semana, dos de los sindicatos (públicos) más poderosos del país, el de maestros y el petrolero, decidieron extender el mandato de sus respectivos líderes. El SNTE creó una nueva figura para prolongar el liderazgo de la “Maestra” Gordillo por seis años más, y en el sindicato petrolero se reeligió a Deschamps por un nuevo periodo similar.

Es curioso, pero el poder de ambos líderes tiene un origen común: el gobierno de Salinas. En 1989, la nueva administración que asumía funciones en nuestro país decidió dar un par de golpes magistrales o mediáticos, en parte en busca de la legitimidad que el proceso electoral le había negado. Una mañana amanecimos todos con la noticia de lo que a la postre se llamó “el quinazo”. Las autoridades habían detenido a Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, otrora poderoso líder del sindicato petrolero, bajo acusaciones de acopio de armas. Cuentan “en los pasillos” que el motivo de fondo fue una venganza, ya que los petroleros decidieron apoyar al Ing. Cárdenas en el proceso electoral. El caso es que La Quina fue sustituido por Sebastián Guzmán, quien a su vez fue sustituido al poco tiempo por Carlos Romero Deschamps. En el caso del SNTE, ese mismo año, el gobierno logró retirar del camino al otrora poderoso líder moral y vitalicio, Carlos Jonguitud, quien no sólo había sido cabeza de este sindicato, sino que había sido Senador, diputado y gobernador por San Luis Potosí, por mencionar sólo algunos de sus cargos. En su lugar fue designada Elba Esther Gordillo, “La Maestra”. Estos cambios no produjeron modificaciones importantes en ambos sindicatos, más allá de personas en el liderazgo.

En la historia del mundo, el sindicalismo ha sido una institución fundamental, surgido durante la época de la Revolución Industrial buscando proteger los derechos de la naciente clase obrera. Los sindicatos son (o debieran ser) actores fundamentales en el juego de contrabalances en la arena económica y política. Pero no detentan una etiqueta de castidad perpetua. Al final, el actuar de éstas organizaciones es condicionado por el marco institucional existente y las oportunidades que ofrece. Y creo que éste es el punto nodal de la discusión.

Recordemos que las instituciones son el conjunto de restricciones diseñadas por el hombre que estructuran su interacción económica, política y social. Son las reglas formales e informales que condicionan el comportamiento económico de los individuos y definen el conjunto de oportunidades para elegir, al condicionar la estructura de incentivos disponibles en su proceso de toma de decisiones económicas. En otras palabras, son las reglas del juego creadas para reducir la incertidumbre y los costos de producción y transacción. Por desgracia, no existe ninguna garantía de que estas instituciones resultarán en las adecuadas, aquellas con los incentivos correctos para adquirir conocimientos y habilidades que favorezcan una evolución hacia direcciones socialmente productivas. En muchas sociedades, estas restricciones institucionales definen un conjunto de pagos a la actividad económica y política que no favorecen la actividad productiva. Es decir, hablamos de un marco institucional que favorece de manera predominante aquellas actividades redistributivas, más que la promoción de actividades productivas. Que crean monopolio más que condiciones competitivas y que restringen más que expanden las oportunidades.

En México la mayoría de los trabajadores no se encuentra protegido por algún sindicato. De hecho, estos han perdido relevancia, presencia y fuerza en las últimas dos décadas. Pero sí existe un grupo de sindicatos poderosos, en su mayoría del sector público, que han encontrado en el marco institucional vigente condiciones propicias para que una élite se beneficie de actividades redistributivas.

Estas reflexiones nos llevan al tema de la reforma laboral. Quiero suponer que el apartado dedicado a la democracia y transparencia sindical aborda al menos parte de estos temas. Sin embargo, es necesario entender que mientras no se modifique el entorno institucional que envuelve a estas entidades y que define la actual estructura de incentivos, será difícil ver cambios radicales en estas organizaciones. Al final, el problema es más general y los incentivos existentes son fundamentales.



PUBLICIDAD