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Economía Informal | Macario Schettino

Estado de bienestar

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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Martes 25 de septiembre de 2012

Por ejemplo, ahora creemos que el crecimiento económico es algo obligado, cuando sólo en los últimos doscientos años ha existido. Lo mismo ocurre con el tamaño de los gobiernos, que ahora nos parece muy normal.

Hasta la Primera Guerra Mundial, los gobiernos eran muy pequeños. Su tamaño, medido como proporción de la economía, era normalmente inferior al 5%, salvo cuando había guerras, en donde podía crecer al doble, o un poco más. Después, las cosas cambiaron mucho.

El origen del cambio es, como suele ser, una combinación de varios factores. Por un lado, el proceso de democratización en lo países del centro del mundo de entonces, que consistía en ir ampliando el derecho al voto (todavía sin incluir mujeres, pero ya casi). Por otro, la idea de Bismarck de utilizar esa mayor democracia para debilitar viejas estructuras políticas, que en su caso consistió en crear el primer sistema de seguridad social gubernamental. El primer estado de bienestar, así haya sido creado por “la derecha”.

Pero la Primera Guerra tuvo consecuencias sociales muy profundas. Destruyó imperios que habían controlado el centro y este de Europa por siglos y debilitó a los gobiernos de Europa occidental. En el este, el caso extremo es Rusia, en donde no sólo cae la monarquía, sino que una muy breve república dio paso al primer régimen comunista del mundo. En el oeste, en Inglaterra, el viejo sistema social se resquebraja. Además, las finanzas públicas estaban acabadas. En medio, la tragedia: se disputan Europa central dos visiones extremas, el comunismo y el fascismo. Ambas, sin embargo, muy similares entre sí en el papel que asignaban al gobierno como líder de la sociedad.

Aunque Inglaterra había empezado a tomar medidas que podemos llamar de “Estado de bienestar” desde inicios del siglo XX, es a partir de la Primera Guerra que éstas son relevantes. Lloyd George, primer ministro desde mediados de la guerra es quien las promueve (antes como responsable del banco central, después ya como jefe del gobierno). En buena parte, estas políticas son consecuencia de una línea de pensamiento socialista iniciada y continuada en Inglaterra: la socialdemocracia, que podemos rastrear a Owen, luego a los Fabianos, y ya en la entreguerra, al gobierno e intelectualidad británicos.

Cuánto de estas medidas es producto de esta transformación intelectual y cuánto de la presión de las alternativas de régimen (comunistas y fascistas), no creo que esté claro. Más cuando observa uno que es después de la Segunda Guerra cuando se da el gran crecimiento en las funciones del gobierno, esto es, en los gastos, esto es, en los impuestos. Mientras que el gasto de los gobiernos rondaba el 5% del tamaño de la economía, como le decía a usted, antes de la Primera Guerra, inmediatamente después de la Segunda ya estaba en 20%, y de ahí el crecimiento sostenido de la posguerra (1946-1971) para llegar a 50’s y 60’s por ciento a fines de la década de los setenta. Pero tener un gasto de ese tamaño implica tener impuestos de igual magnitud. Esto significa pagar impuestos de la mitad, dos terceras partes, o incluso tres cuartas partes de lo que uno produce. Habrá quienes piensen que esto es una buena idea, pero le garantizo que pocas personas están dispuestas a trabajar 12 o 15 horas al día para que el gobierno se lleve la mayor parte de lo trabajado.

Otra vez: esto nunca había pasado. Si uno se pone a buscar información acerca de los tributos o impuestos de la antigüedad, verá que cuando estos superaban una quinta parte, o una tercera, las cosas se empezaban a complicar. Un gobierno que se quedaba con la mitad de la producción era muy vulnerable a rebeliones y golpes de Estado, que nunca terminaban bien. Pero ahora hay muchos que consideran razonable que el gobierno vuelva a cobrar, como en los sesenta o setenta, 75% de impuesto a quienes más ganan. Me van a decir que no, que precisamente esas personas pagan mucho menos porque tienen abogados y contadores para escapar de la ley. Exacto, los que son muy ricos, que no son, por cierto, los más productivos. ¿Y el resto?

Durante el siglo XX, los gobiernos se fueron haciendo cargo de una gran cantidad de actividades, que financiaron con impuestos, y con deuda. El tamaño de las deudas de los gobiernos en este siglo es incomparable con cualquier época previa, y lo mismo ocurre con la inflación, que es un mecanismo de recaudación y pago de deudas de parte de los gobiernos.

En pocas palabras: la idea de que el gobierno debería hacerse cargo de una serie de actividades, en beneficio de las mayorías, ha resultado un problema financiero serio. O bien la cantidad de actividades es demasiado grande, o bien el número de personas cubiertas lo es. Sin embargo, una cantidad muy grande de personas cree que los gobiernos deberían seguir haciendo esas cosas, sin tomar en cuenta cómo van a pagarse. Como comentaba el viernes en primera sección, esto se debe a una falla lógica: o se cree que el gobierno mágicamente puede eliminar la escasez, o se cree que está formado por santos.

Pero no es así. Los gobiernos están formados por personas que quieren seguir trabajando ahí, y de ser posible, en mejor posición. Para ello, ofrecerán a sus votantes más cosas (derechos, les llaman ahora), que no saben cómo financiar. Suponen, sin embargo, que el problema de financiamiento tardará en notarse, y para entonces ellos ya no serán responsables.

Todo tiene un límite, y estamos en él. Ahora habrá que revisar qué puede hacer el gobierno y qué no. Y habrá muchos que dirán que esto no es más que una conjura neoliberal. Pero, bueno, contra la aritmética no hay mucho qué hacer. Lástima que los demagogos nunca son responsables de nada.



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