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En concreto | Laura Itzel Castillo

¿Por qué un nuevo partido?



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Miércoles 12 de septiembre de 2012

¿Por qué un nuevo partido? es el título de un libro publicado en los años 70 del siglo pasado sobre la constitución del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) escrito por el ingeniero Heberto Castillo, congruente líder social de izquierda y por el intelectual yucateco Francisco J. Paoli, quien años después cambió de carril, para convertirse abiertamente en un militante más de la derecha panista.

En los documentos básicos del entonces naciente partido se señalaba que el PMT, surgía a “ falta de un partido político de masas, revolucionario, de auténtica oposición y verticalidad, capaz de dirigir democrática y disciplinadamente, a los obreros, campesinos, intelectuales y estudiantes en la histórica lucha…”

Han pasado casi cuatro décadas de esa difícil tarea. A lo largo de estos años, la izquierda tuvo que construir lentamente su proceso de unificación, sumergirse en intensos debates y a veces enfrentar dolorosas definiciones. De entonces a la fecha hemos padecido tres fraudes electorales, no hemos vivido ninguna revolución, pero sí una guerra estúpida que pareciera interminable.

Y ni siquiera a punta de gasolinazos acaba de despertar la patria entera.

Para acotar un “Qué sigue” en la lucha por la transformación política de México, Andrés Manuel López Obrador convocó el pasado domingo al Zócalo capitalino. Su llamado a debatir en torno a la posibilidad de convertir Morena en partido, se vuelve, sin duda, un gran desafío.

“Todos los partidos son iguales”. Esta frase forma parte del imaginario colectivo. Entonces, ¿cómo lograr ser distinto, en un mundo donde las formas de hacer política se configuran en función de lo establecido en la llamada clase política?

El mimetismo traspasa ideologías. Hay comportamientos que se dan por encima de los objetivos.

Morena es actualmente un gran movimiento electoral, con profundas raíces sociales. Surgido del fraude del 2006, ha desarrollado su organización sobre una amplia base del gobierno legítimo que desde el principio resistió para enfrentar la ilegitimidad de Felipe Calderón.

Con valentía, convicción y disciplina, el movimiento se preparó para la defensa del petróleo y la soberanía nacional y se organizó finalmente para conformar el ejército comicial del 2012, donde Peña Nieto compró la Presidencia.

Desde hace seis años Morena realiza diversas actividades sociales y políticas, en acuerdo con los partidos progresistas, pero carece de registro oficial, conforme al Cofipe. Para su subsistencia el movimiento depende económicamente de la solidaridad de institutos políticos afines.

En la vida cotidiana, cuando hay un alumbramiento, sabemos que es indispensable registrar al recién nacido. Si no lo hacemos, no quiere decir que automáticamente deje de existir este ser humano, pero estará indiscutiblemente limitado para ejercer plenamente sus derechos.

Las mujeres sabemos que todo parto es doloroso. Para los partidos que integran el Movimiento Progresista, el anuncio hecho por AMLO implica desde luego un nuevo reto.

La separación anunciada, se ha dicho, no implica ruptura. Pero sin duda marca una nueva etapa para la izquierda en el país. Los pesimistas señalan que la decisión significa división, que ha sido característica de este segmento ideológico, a lo largo de nuestra historia.

Las optimistas pensamos que como en cualquier separación, no hay nada más sano que cada quien desde su propio espacio pueda trazar la estrategia y definir los cómos en este difícil camino para la transformación de México. El objetivo es el mismo, por lo tanto habrá convergencias, alianzas y consensos. Algunos por la autopista, otros por el empedrado, otros más abriendo brecha.

Para organizar a la gente, realizar asambleas y recorrer la República hacen falta recursos económicos. Para concientizar hay que educar, con autoridad moral, inteligencia y profundo amor a la patria.



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