Reforma Laboral

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...
Más de Macario SchettinoMartes 11 de septiembre de 2012
La iniciativa preferente consiste en obligar al Congreso a discutir, en 30 días, una iniciativa presidencial. No tienen que aprobarla, ni mucho menos, pero tienen que discutirla.
La reforma laboral fue enviada a la Cámara de Diputados, y ocurrió algo que no habían previsto los legisladores. Cuando se instala por primera vez la Cámara en una Legislatura, ocupan varias semanas en definir las comisiones de trabajo y sus presidentes y secretarios. Y no se puede revisar una iniciativa si no hay la comisión correspondiente. La solución que encontraron es que, para efectos de estas iniciativas, la Cámara inicia su periodo ordinario cuando las comisiones se forman. Detalles que se les pasan y luego les complican, pero que no afectan mucho. A final de cuentas, en lugar de tardar 30 días, tal vez tarden 50, pero no importa, tienen que discutir y decidir acerca de la ley que les envió el Presidente.
La reforma laboral que se propone consta de cuatro temas: flexibilidad de contratación; mejoras en empleos, especialmente para mujeres; simplificación jurídica y transparencia y democracia sindical. Es, en esencia, la misma iniciativa que el PAN presentó durante la Legislatura que acaba de terminar y que el PRI no aceptó. Sin embargo, el PRI propuso una reforma alternativa que el PAN les había aceptado y que ya no quisieron meter para no complicar la elección presidencial. La diferencia más importante entre esas dos propuestas era el último tema, democracia y transparencia en los sindicatos. En los otros, había bastantes coincidencias. De ninguna manera opinan lo mismo PRI y PAN en todos esos temas, pero hay mucho en lo que se puede llegar a acuerdos.
Con los votos de esos partidos alcanzaría, pero creo que el PRD también debe tener puntos de contacto con PRI y PAN en asuntos específicos como la contratación “a prueba”, por horas, temporal, “outsourcing”. Todo esto ya ocurre en México, pero al margen de la ley, y lo que la reforma haría es regularizar esas formas de contratación, garantizando con ello a los trabajadores derechos que hoy no tienen. Hoy, una empresa contrata de las formas que mencionaba fingiendo un contrato por honorarios. No hay ninguna protección al trabajador, que si acaba en pleito con la empresa, tendrá que irse a Conciliación.
Ahí seguramente va a ganar, pero puede tardar años en ello, para beneficio no de él, ni de la empresa, sino de los abogados y coyotes que abundan en los litigios laborales. Precisamente por ello el tercer tema es la simplificación jurídica, que es el término que se me ocurrió para designar algunos cambios que incluyen la limitación de salarios caídos a un año (en lugar de los casi cuatro que se suelen cobrar hoy, reitero, para beneficio de los intermediarios), y definiciones más claras en los estallamientos de huelga y procesos de negociación.
Tampoco creo que haya demasiada discusión en los temas en donde se mejora la situación de los trabajadores, especialmente, le decía, de las mujeres, pero también de manera general a trabajadores domésticos y del campo. En eso, creo los tres partidos grandes deben tener muchos puntos de acuerdo, algunas diferencias, pero sin duda capacidad de llegar a una decisión.
En el tema sindical es en donde no es fácil saber qué va a ocurrir. El PRI creó los sindicatos en México, si hablamos en serio, y sobre ellos se sostuvo en el poder los siguientes 60 años, y los últimos 15 en la oposición. Usted debe recordar el apoyo del sindicato de Pemex al PRI en 2000, o el costo que tuvo el no apoyo del SNTE en 2006. Y aunque se han acercado al PAN o PRD uno que otro sindicato, no son de los más grandes, ni sus acercamientos son muy sólidos.
Y acá tenemos un problema muy especial que deberíamos ir considerando. Prácticamente hay sólo dos tipos de sindicatos que continúan siendo fuerzas relevantes: los que agrupan a trabajadores del gobierno y los sindicatos de industria. Los demás han ido encontrando buenas formas de asociación con las empresas, que les permiten garantizar a sus afiliados buenas prestaciones, sin necesidad de mayores conflictos. La inmensa cantidad de sindicatos fantasmas, de los que vivía la CTM, CROM, CROC y similares, han ido desapareciendo.
El problema con los sindicatos de personas que trabajan en el gobierno es que no tenemos manera de medir adecuadamente el valor agregado que generan esos trabajadores, de forma que nunca hay cómo negociar bien con un sindicato. Por eso se han transformado en grupos de presión que van desfalcando las cuentas públicas. Y eso no es sólo en México, ocurre en todas partes. Hoy, en el mundo occidental, estos sindicatos son los que complican todo, desde las finanzas públicas presentes hasta el tema de las pensiones. Me dirán que son garantes de los derechos de los trabajadores, pero a mí me parece que son más bien capturadores de rentas.
Los sindicatos de industria no son exactamente lo mismo, pero hay que notar que los que existen en México están también muy asociados al gobierno: electricistas (ya sin el SME, el SUTERM es de industria), petroleros, mineros y metalúrgicos, ferrocarrileros, cañeros. Todos ellos se hicieron lo que son bajo el gobierno, aunque algunos de ellos ya trabajen para la IP. Por lo tanto, arrastran buena parte de los vicios de los anteriores, pero tienen además un peso político mucho mayor, porque algunas de las actividades en que están son indispensables. Si un día todos los maestros del país dejan de trabajar, vamos a tener algunas complicaciones, sobre todo los padres de familia, pero no mucho más que eso. Si dejan de trabajar electricistas o petroleros, sería un caos.
Estos grupos, que en realidad son de presión y no defensores de trabajadores, son un obstáculo para la generación de riqueza. Al extraer rentas, impiden la creación de riqueza. Su democratización sería una gran cosa, empezando por sus trabajadores afiliados, que vivirían mejor. Para ello, basta quitar la cláusula de exclusión, la toma de nota, y sobre todo, la recaudación de cuotas directa de nómina. Si a eso le suma voto secreto de los trabajadores, y obligaciones de presentar estados de cuenta, como la reforma lo plantea, estaríamos mucho mejor. El próximo Presidente de la República, por cierto, tendría un panorama más atractivo. Digo, no está de más decirlo.


