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Economía Informal | Macario Schettino

Amenazas y oportunidades

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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Martes 28 de agosto de 2012

Por un lado, abundancia de notas, día tras día, sobre las tragedias financieras, ya convertidas en recesión o a punto de hacerlo, en todos lados: Europa, China, India, Estados Unidos, Brasil, Argentina. Por otro, una sucesión casi perdida de pequeñas notitas acerca de transformaciones muy profundas en la economía que auguran una época de gran crecimiento económico.

En esta columna hemos comentado ya en muchas ocasiones algunas de esas pequeñas notitas que, al confrontarse con los datos, se convierten en evidencias claras de cómo está cambiando la economía mundial. Sin embargo, estas pequeñas notas no logran superar el alud de malas noticias. Muchos creen que los medios de comunicación son la causa del pesimismo, pero en realidad son un resultado de él. Los seres humanos estamos alambrados para responder a las amenazas, no a las oportunidades. Comer un poco más no hace gran diferencia, que se lo coman a uno sí, y por eso reaccionamos más rápido frente al riesgo.

Tal vez por eso son pocos los que suelen cosechar las oportunidades. La mayoría anda cuidándose de que no se lo coman. Tanto, que no importa cuánto se les diga que las cosas van a ser mucho mejores, no lo van a creer. Pero aquí vamos a seguir insistiendo, porque ya hemos perdido otras oportunidades, y ésta que viene podría ser la última que nos toque.

El crecimiento económico significa que producimos más riqueza con la misma cantidad de personas. Así lo medimos. También podríamos medirlo frente a la cantidad de capital que se utiliza, o a los recursos naturales, pero esto no se acostumbra. La medida correcta del crecimiento debería ser la productividad total de los factores, es decir, cuánto más producimos una vez que descontamos el uso no sólo de la mano de obra, sino también del capital, los recursos naturales, etc. Pero el dato frecuente de los periódicos y revistas, o de los medios en general, es el primero: PIB per capita. Para que ese número crezca, basta con usar más capital, o más recursos naturales. Por eso luego parece que un país está creciendo y de pronto, de la nada, tiene una crisis. Porque en realidad estaba agotando los recursos, no siendo más productivo. Así, por ejemplo, fue México en el siglo XX, un país que fue agotando los recursos, sin ser más productivo.

La productividad total de los factores, es decir, el crecimiento real, el incremento en la producción una vez descontando todo lo que se usó para ella, es lo que debemos medir. Si, por ejemplo, podemos utilizar menos energía para lograr el mismo objetivo, estamos siendo más productivos. O si esa energía que utilizamos es más barata, lo mismo. En el fondo, va a ser la energía la que determine la productividad. Su uso más eficiente, a través de una mejor organización, o su costo más barato, se convertirán en impactos directos sobre el crecimiento.

Aunque lo hemos dicho muchas veces, va de nuevo: estamos viviendo una revolución energética que está transformando la forma de producir. El uso de combustibles fósiles no convencionales, en especial el gas de lutitas, permite no sólo energía más barata, sino también más limpia. En los últimos cinco años, la producción de electricidad en Estados Unidos ha migrado en más de 10% de carbón a gas, reduciendo las emisiones contaminantes de ese país. Esta transformación en la generación de electricidad es de la mayor importancia porque ésa es la forma energética determinante para las próximas décadas. La electricidad es una forma de transmitir energía (que proviene de otra fuente: fósiles, agua, nuclear, etc.) que es cada vez más importante conforme buena parte de nuestras actividades requiere menos desplazamiento físico y más de otras cosas. Su participación en el consumo de energía en Estados Unidos ha pasado de menos de 15% hacia la mitad del siglo pasado a representar 40% en 2010.

Esto significa que el impacto de una reducción de costo (y de emisiones) vía electricidad es más relevante que una reducción similar en el consumo de petróleo para la transportación. Leo en un artículo de Mark P. Mills para el Journal of the American Enterprise Institute, titulado “The Next Great Growth Cycle” que todo el transporte representa poco más de 3% del PIB estadounidense, mientras que las actividades relacionadas con información superan el 13%, cuatro veces más.

Y es que no alcanzamos a ver el impacto de la información, por ejemplo en el transporte. La razón por la cual tenemos hoy un flujo mucho mayor de mercancías y personas que hace cincuenta años no es porque hayamos mejorado mucho en la eficiencia energética de barcos, aviones y autos, o porque el petróleo sea mucho más barato. Es porque podemos organizar mucho mejor la logística. El flujo de personas en los aeropuertos sería inmanejable sin los sistemas informáticos, nada más para ilustrar.

Pero el impacto de las tecnologías de información y comunicaciones está ya superando la logística para impactar ahora las manufacturas directamente. Vea por ejemplo el artículo sobre los robots publicado en The New York Times por John Markoff “Skilled Work, Without the Worker” hace diez días, o recuerde usted las notas acerca de impresoras en tres dimensiones que publicó The Economist hace ya varios meses (y que glosamos acá).

El impacto de las TICs fue madurando durante medio siglo y ahora está empezando a dar frutos en serio. Como ocurrió hace doscientos años con el vapor, o hace cien con la electricidad, la gente siente más la amenaza que la oportunidad. Otra vez tenemos “ludditas” que están decididos a acabar con las máquinas porque imaginan que despojarán a la gente de sus trabajos; otra vez tenemos movimientos populistas como el estadounidense de fines del siglo XIX, asustados como estaban frente al desplome de empleos en el sector agrícola.

Pero hoy, 200 años después de los ludditas, el mundo es 80 veces más rico, hoy sostenemos siete veces más personas en el mundo, cada una (en promedio) casi doce veces más rica que entonces. Supere al chimpancé que trae dentro y enfóquese en la oportunidad, no en la amenaza.



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