Optimismo

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...
Más de Macario SchettinoMartes 31 de julio de 2012
Mientras se acomodan y empiezan a tomar decisiones, permítame juntar algunos datos que andan dispersos y que nos pueden dar una buena idea de qué va a ocurrir en cuestión económica en los próximos tres años. Evidentemente, me refiero a una tendencia general, porque eso de pronosticar variables no sirve ni para un mes, menos para tres años.
Primero, la revolución energética que está ocurriendo en Norteamérica es seria. Acá no le estamos prestando suficiente atención, pero Canadá produce más petróleo que México desde hace cuatro años, y sus reservas han crecido de forma tal que hoy son tres veces superiores a las nuestras. Estados Unidos, por su parte, ha incrementado su producción de manera aún más acelerada, empezando en 2008. De menos de 5 millones de barriles diarios (mbd) que produjo en ese año, en los primeros cuatro meses de éste produce más de 6.2 mbd. Es una tasa de crecimiento superior cercana al 6% anual, que no es cualquier cosa. En ambos casos, el incremento de producción es de petróleo no convencional, sea del llamado “shale” o de arenas bituminosas o lo que sea, pero la producción crece, y muy rápido. Adicionalmente, las estimaciones de reservas de este tipo de petróleo en Canadá y Estados Unidos son inmensas: superiores a las reservas de petróleo convencional en todo el mundo.
Si suma usted este incremento en producción de petróleo a la revolución del gas de lutitas, de lo que hemos hablado mucho en esta columna, resulta que hay energía abundante para los próximos decenios. Barata en el caso del gas, pero no en el del petróleo. Con una gran generación de empleos en el caso del petróleo, no tanto en el del gas, y precisamente en regiones de Estados Unidos y Canadá que no habían tenido buenas décadas.
La existencia de energía disponible significa que hay un potencial de crecimiento muy importante, que no era imaginable antes de 2008. Así, a pesar de la grave crisis financiera iniciada en ese año, que todavía nos tiene sufriendo en todo el mundo, me parece que la perspectiva de crecimiento de mediano plazo es hoy mucho mayor que la que teníamos hace cuatro años. Ésta no es la visión común hoy, pero lo será pronto, no lo dude.
Si la energía no es un factor limitante, tampoco lo son el agua y los alimentos, a pesar de las creencias generalizadas. Si hay energía disponible, puede haber agua, porque limpiar o desalar agua tiene como problema el consumo de energía, no otra cosa. Será agua más cara, pero habrá. En alimentos no tenemos mayor problema, hoy hay 30% más alimentos por persona en el mundo de los que había hace cincuenta años, cuando la población era la mitad de la actual. No todos los alimentos son baratos, ni todos los seres humanos tienen acceso a ellos, pero hay. El equilibrio de precios y la distribución más adecuada sigue siendo un problema de organización, logística y finanzas, no de buena voluntad, como creen muchos.
Y hablando de organización y logística, hoy podemos hacer cosas impensables hace sólo unos pocos años. La capacidad de cómputo, las telecomunicaciones, los sistemas en tiempo real, de clima, de mapas de consumo, de rutas de distribución, reducen de manera significativa los costos. En eso no ha sido menor la transformación de las tiendas de autoservicio, o en general, del comercio al menudeo.
Específicamente para México, el fenómeno que nos impidió crecer en la primera década del siglo XXI se ha invertido. En 2001, la recesión en la economía estadounidense le dio la oportunidad a las empresas de relocalizar su producción. En ese año México era relativamente caro, China era muy barata, y además estaba entrando a la OMC. De 2001 a 2008, China se “tragó” todo el incremento en participación de mercado que en los diez años previos nos habíamos repartido a partes casi iguales. Por eso China pudo crecer a dos dígitos, y nosotros ya no crecimos.
La recesión de 2009 ha tenido el efecto contrario. China es más cara, tiene problemas financieros, tiene dificultades logísticas y complicaciones políticas. México no. Una parte de la producción que se movió a China en 2001 está regresando a Norteamérica. Aunque usted no lo crea, una parte regresa a Estados Unidos, pero otra a México. Por eso el incremento tan importante en producción de autos en nuestro país, por eso el crecimiento de la industria aeronáutica, y por eso las estimaciones de todas las agencias e instituciones de que México será el país de América Latina con mayor crecimiento económico en esta década. Porque la oportunidad existe. Ahora que si la vamos a aprovechar, está por verse.
Hay profesionales del sufrimiento y el descontento, que continuamente nos alertan de cómo el planeta está al borde del colapso, y cómo nos vamos a quedar sin energía, sin agua, sin alimentos, sin focas y osos polares. Nada de eso va a ocurrir, se lo garantizo. Y hay quienes tienen esa misma postura acerca de México, e insisten en que nuestra economía es un fracaso, que debemos cambiar de “modelo”, que los sudamericanos son mejores. Bueno, pues están equivocados. Argentina está ya en el caos económico, Brasil sufre porque no ha podido moverse a la velocidad necesaria de bienes primarios a manufacturas. Sin duda hay muchas cosas que nuestros vecinos sudamericanos hacen bien, pero no todo, como tampoco nosotros hacemos todo mal. En el neto, dicen la Universidad de Harvard y el MIT, México tiene mucho más conocimiento productivo y por eso puede crecer mucho más. Y dicen los bancos que hacen estimaciones de largo plazo, que México será la séptima, sexta, u octava economía del mundo para mediados de siglo.
Claro que todo depende de que ya empecemos a hacer las cosas bien, que dejemos atrás las creencias que nos han detenido y aprovechemos que tenemos al pueblo más trabajador del mundo (como lo ha mostrado la OCDE). Lo que nos falla es la mentalidad, así que vamos cambiándola y vamos siendo exitosos, que nada nos cuesta.


