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Itinerario Político | Ricardo Alemán

¿Dónde quedó el amor?

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Queda claro que asistimos a los previos de una peligrosa crisis político-electoral, estimulada por la rabia y la desesperación del lopezobradorismo que sabe su derrota y que busca polarizar, confrontar y sembrar odio
Lunes 25 de junio de 2012

A una semana de la elección presidencial, la polarización, el odio y la intolerancia parecen llegar a su punto climático.

Y es que, igual que en 2006, el fanatismo político de un sector social identificado con la candidatura de Andrés Manuel López Obrador muestra signos alarmantes de fascismo, al lanzar insultos, improperios y amenazas contra los que piensan distinto, contra los que disienten y critican al mesías convertido en aspirante presidencial y, en general, a la clase política.

La mañana de ayer domingo, cuando el autor del “Itinerario Político” caminaba con su familia por avenida Juárez —frente al hemiciclo del mismo nombre—, algunos comerciantes ambulantes identificados con Morena lanzaron toda clase de insultos y amenazas, al identificarlo como uno de los periodistas críticos del lopezobradorismo, el panismo y/o el priísmo.

La agresión verbal inició cuando una mujer señaló, a gritos y con la diestra: “¡Ahí va Ricardo Alemán…! ¡Vendido, enemigo del pueblo, traidor, priísta...!”, señal que detonó el insulto generalizado, sin faltar perlas como: “¡Mátenlo al cabrón!”.

Pero aun más ilustrativa de la intolerancia, la polarización, el odio y el fanatismo sembrados por el lopezobradorismo en sus feligreses es la respuesta de decenas de lopistas que, en Twitter, no sólo aplaudieron la agresión, sino que la justificaron —“porque es lo que te mereces...”—, y hasta se sumaron a ella. Por eso la pregunta: ¿ese es el amor y la tolerancia que pregona López Obrador?, ¿esa es la cultura amorosa de los llamados militantes de las dizque izquierdas mexicanas?

Lo cierto es que ante la proximidad de la jornada comicial el reino de la República Amorosa ha exaltado al máximo los ánimos de sus seguidores, hasta niveles no vistos de fanatismo, odio e intolerancia contra todos y todo lo que no se identifique con AMLO y con su Morena.

Y si tienen dudas, otra agresión la padecieron decenas de vecinos de las instalaciones del IFE —en el sur del DF—, a los que pandillas de lopistas que tomaron las instalaciones de esa institución —hace semanas— agredieron a manotazos y patadas en sus automóviles. ¿La razón? “¡Porque son ricos!”.

Queda claro que asistimos a los previos de una peligrosa crisis político-electoral estimulada por la rabia y la desesperación del lopezobradorismo que sabe su derrota y que busca polarizar, confrontar, sembrar odio y, en el fondo, construir un clima generalizado de violencia. Y es que, según los lopistas, su causa justifica todo tipo de agresión, sea a un periodista que piensa diferente, a un ciudadano que no comulga con sus ideas, sea a los que creen en otras alternativas político-electorales.

Y en esa lógica fascista, no creer en AMLO, cuestionarlo, apostarle a otra candidatura son sinónimos de “traición”, “mediocridad” o invitar “al infierno”, entendido como el regreso del PRI. No comulgar con López es argumento suficiente para insultar, ofender, agredir, difamar y considerar al adversario —al que piensa diferente— como enemigo que debe ser exterminado. Y eso, en México o en China, está muy lejos de ser un pensamiento o una cultura de izquierda. Eso se llama fascismo. Y eso es lo que propone el candidato de las dizque izquierdas.

Y si tienen dudas, ¿cómo le llamarían al hecho de que un grupo de vendedores ambulantes, tolerados por el GDF, insulten, agredan, ofendan a un ciudadano —que camina por la calle— por cometer “el delito” de pensar diferente? Esas jaurías, señor López Obrador, son su clientela, su hechura. Y lo reconozca o no, esas prácticas son propias del fascismo. Esos tolerados del comercio ambulante, señor Marcelo Ebrard, son la leva para el choque y el cacerolismo, y nada tienen que ver con un demócrata y una ciudad de libertades.

Y, al final de cuentas, esas agresiones lanzadas contra un periodista que ejerce su derecho de libre tránsito son producto de la satanización que todos los días hace de sus críticos, en la plaza pública, el señor López Obrador, verdadero sembrador de odio y de lo más cuestionable de las prácticas fascistas. Y es que no es posible que un ciudadano que vive de la crítica sea agredido por la turba identificada con un partido y un gobierno, por “¡cometer el delito de pensar diferente y de criticar!”. ¿Esa clase de represión al pensamiento distinto es parte del gobierno que propone, señor López Obrador?

¿Dónde quedó el amor?

EN el CAMINO

Por cierto, cuando reporteábamos en el centro de la ciudad vimos todo el dinero y toda la seguridad para los “chamacos chamaqueados” del #YoSoy132. Mantas nuevas, pancartas nuevas, camisetas nuevas y… vigilancia especial. ¿Quién pompó?



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