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Tintero económico | Alejandro Villagómez

¿Pensión universal?

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profeso ...

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Un tema ampliamente comentado en las actuales campañas presidenciales es el referido al de la seguridad social universal, y en particular la adopción de una pensión universal
Miércoles 06 de junio de 2012

No es un tema nuevo, y quienes han leído algunos de mis trabajos desde hace una década o, por ejemplo, los de mi colega John Scott, verificarán que es una propuesta en la que hemos insistido. Sin embargo, hay que señalar que en este momento existen propuestas mucho más amplias y detalladas, siendo probablemente de las más citadas la adelantada por Santiago Levy hace unos años. Lo importante es que el tema ha sido retomado en las plataformas electorales de prácticamente todos los candidatos a la Presidencia, creo que con excepción de Quadri. La propuesta más detallada la expone EPN y es prácticamente similar a la de Levy. JVM también la ha mencionado en líneas relativamente similares a EPN, aunque con menos detalle. En el caso de AMLO existen diferencias más importantes, aunque sabemos que la pensión para individuos mayores a 70 años fue introducida por su gobierno en el DF hace ya años.

A pesar de que en las últimas dos décadas se han producido importantes reformas a varios de los sistemas de pensiones en México, estos siguen enfrentando importantes problemas, tanto debido a su propio diseño, como a factores externos a este diseño. Sin embargo, uno de los más importantes es el de su baja cobertura. Las siguientes cifras las he mencionado en otras ocasiones. Si consideramos la información publicada por la Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social, 2009 (Inegi) y definimos a nuestra población relevante como aquella con 14 años de edad o más, tenemos que 27.2% está cubierto por el programa de pensiones del IMSS, 4.8% por el ISSSTE, 2.8% por otros programas públicos en paraestatales, organismos descentralizados o programas de empleados públicos de los estados; 6.6% se encuentra recibiendo una pensión por parte de algún programa público y 5.4% recibe alguna pensión no contributiva, esto es, ayudas asistenciales como la pensión del DF o la del programa federal “70 y más”. Esto quiere decir que 53.2% restante de esta población no cuenta con cobertura por alguno de estos programas o recibe alguna pensión. Pero el problema puede ser más grave si consideramos que muchos de los trabajadores afiliados a los programas de capitalización total y contribución definida (que son la mayoría) pueden no tener derecho ni a pensión mínima debido a que no cumplan con los requisitos requeridos como consecuencia de una baja densidad de cotización. Cabe mencionar que este problema se explica en gran medida debido a la estructura de nuestro mercado laboral, con una amplia participación informal y una alta movilidad formal-informal.

Queda claro que el problema económico y social que esto implica es enorme y atenderlo constituye un gran reto de política social. Considerando las propuestas de los candidatos, creo que la pensión universal será un hecho en poco tiempo. Pero es importante que cuando llegue el momento, se supere el discurso electoral y se garantice que su implementación sea responsable, porque éste no es un asunto trivial. Dos son los puntos que quiero enfatizar. El primero es más que obvio y se refiere a su financiamiento. Este es un problema fiscal serio y tiene que ser resuelto en una perspectiva de largo plazo. De lo contrario, en algunas décadas tendremos problemas fiscales importantes y estaremos pagando su costo. Sólo para entender este asunto podemos ver lo que sucede en Europa, en donde la mayoría de los programas de pensiones son de beneficio definido y reparto. Se estima que actualmente este gasto representa 14% del PIB en Italia y más de 11% en Grecia y Portugal. La tasa de reemplazo (lo que representa la pensión respecto al salario de los últimos años) más alta la tiene Grecia, casi de 100%; en España e Irlanda es de alrededor de 80% y en Italia alrededor de 70%. Estos son los países que enfrentan actualmente serios problemas de déficit público y deuda y que viven una profunda crisis económica y fiscal. En el caso de Alemania, Suecia, Francia o Suiza, estas tasas de reemplazo son de 60% o menores. Un programa de pensiones mal diseñado es una bomba de tiempo que eventualmente terminando estallando. Los países europeos, si bien no se han movido a esquemas de capitalización total, han aumentado la edad de retiro por arriba de los 65 años o han incrementado el número de años de cotización requeridos para tener derecho a pensión, oscilando entre 35 y 40 años, entre otros cambios paramétricos.

El otro aspecto relevante está vinculado de manera más amplia a lo que es el ahorro para el retiro. La pensión universal, de acuerdo a las propuestas, oscilaría entre menos de un salario mínimo y hasta dos salarios mínimos. Hay que entender que este ingreso es sólo un piso que garantiza sacar de la pobreza a la población, pero ubicarla en un estrato de clase media “pobre”. Este ahorro sería insuficiente para el retiro en probablemente la mayoría de los casos. En este sentido es importante que se defina con claridad cómo se integraría esta pensión universal con el sistema contributivo existente y qué se está pensando en términos de promover un mayor ahorro (obligatorio o voluntario) para el retiro. Estos son temas centrales que no he visto mencionar ni discutir en las propuestas de los candidatos ni en los debates. El asunto de lo adecuado del ahorro para el retiro es un tema mundial y en muchos países ya están tomando acciones concretas para hacerle frente. En México vamos rezagados. Creo que es un tema central que deberá formar parte del programa económico y social de la próxima administración y sería deseable que ya se estuviera pensando en soluciones concretas.



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