La inmortalidad y la condición humana

Anteriormente Embajador de México, es fundador de Jorge Pinto Books, su empresa editorial con sede en Nueva York.
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Más de Jorge PintoSábado 28 de abril de 2012
Se trata de un ameno estudio sobre el deseo que los seres humanos tenemos de sobrevivir eternamente, el cual subiste desde los orígenes de la civilización, no obstante que racionalmente sabemos que inevitablemente un día tendremos que morir.
El libro menciona cuatro formas o “narraciones” en las que históricamente los hombres y las mujeres han pretendido escapar el ineludible carácter finito de la vida. Una primera vía ha sido tratar de extender la vida eternamente con todo tipo de pócimas, tratamientos médicos, cirugía plástica, etcétera. Una segunda opción ha sido creer en la idea de renacer o resucitar (en nuestros días hay personas que congelan sus cuerpos con la ilusión de reanudar la vida en el futuro). Para quienes las opciones mencionadas no son aceptables les queda la posibilidad de pensar que después de la muerte sus almas continuarán viviendo en el paraíso, cielo o infierno según sea el caso. Finalmente, a los escépticos les queda la posibilidad de seguir viviendo a través de un legado.
Entre los personajes que menciona el libro para ilustrar las cuatro vías o narrativas antes mencionadas están Dante, Frankenstein, Alejandro el Grande y el primer emperador chino Qin Shi Huang (213 AC) autodenominado “Hijo del Cielo”, quien erige la famosa muralla para proteger su vida, además de estar obsesionado con localizar el elixir de la vida eterna, el que paradójicamente termina por envenenarlo. En nuestros días también hay quienes siguen las ideas del emperador y consumen cremas, jugos y vitaminas de los cientos de laboratorios que ofrecen productos para perpetuar la juventud.
El autor recuerda que las religiones ofrecen alguna forma de reencarnación en la tierra como es el caso del Budismo y el Dalai Lama. Otras religiones aseguran la vida eterna del espíritu en el paraíso, si se siguen los mandamientos o en el infierno quienes no se arrepientan de sus pecados.
El libro menciona al legado como una cuarta vía a la inmortalidad. Los artistas pueden dejar a la posteridad su obra o trabajo creativo, quienes acumularon riqueza hacer donaciones para crear o apoyar museos, fundaciones, etcétera, y los investigadores su labor científica o humanista. En la función pública el legado puede medirse en términos de obras terminadas y también en los niveles de libertad, paz, seguridad y bienestar alcanzada durante una administración. En la empresa privada trasciende su rentabilidad y los productos desarrollados. Finalmente el libro señala que hay quienes consideran que el mejor legado para perpetuarse son los hijos, sobre todo si son honestos y productivos.
El autor recuerda que en la antigüedad se asociaba heroísmo con fama y posteridad y por ello los grandes personajes de la mitología griega y de otras civilizaciones realizaban grandes hazañas y sacrificios, principalmente en guerras y conquistas. El autor menciona como Aquiles, decide ir a la guerra, sabiendo de antemano que su destino era morir, prefiriendo la fama a la vida que amaba enormemente.
Hoy en día los aspirantes a ser “héroes” son políticos, activistas, actrices, músicos, escritores, etcétera, que cultivan con elaboradas técnicas de relaciones públicas una imagen que les de notoriedad y les permita trascender. No todos los sabios, ricos y talentosos artistas están interesados en adquirir fama para trascender. El libro reseñado incluye una sugestiva cita de Woody Allen: “..no quiero vivir en los corazones de mis compatriotas, quiero vivir en mi apartamento”.
En nuestro país, a partir de sus culturas milenarias, la relación con la inmortalidad tiene muchas manifestaciones. En el día de muertos se convive con los difuntos y en nuestra literatura el tema de la posteridad se trata de manera reiterada como en la famosa novela Pedro Páramo. Por otra parte, nuestros políticos son habituales víctimas de la tentación de trascender, sobre todo en el sexto año de gobierno, cuando los presidentes promueven homenajes y pronuncian discursos para ensalzar sus logros como lo hizo recientemente el presidente Calderón en el Auditorio Nacional.
Desafortunadamente en política y en otras áreas muy pocos como Woody Allen reconocen la brevedad de la fama y la ilusión de la inmortalidad. La muerte es sin duda la gran igualadora ya que no importa lo rico, famoso, inteligente o poderoso que uno sea, en el momento de morir todos somos iguales.
Lecturas Recomendadas:
•Stephen Cave. “Immortality: The Quest to Live Forever and How It Drives Civilisation”. Crown Publishing Group. Abril 2012


