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Tintero económico | Alejandro Villagómez

El Buen Fin en perspectiva

Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profesor investigador de la División de Economía del CIDE, de la cual fue su director del 2000 al 2003. Ha sido consultor y asesor del gobierno mexicano, organismos privados y organismos internacionales. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.





COLUMNAS ANTERIORES

Cuando se anunció el año pasado con bombo y platillos la iniciativa del “Buen Fin”, en este espacio compartí algunas reflexiones de por qué el objetivo final de este evento no estaba garantizado.
Miércoles 08 de febrero de 2012

La idea puede ser buena, pero el objetivo de que se convierta en un motor que permita estimular la actividad comercial vía un mayor consumo y, por ende, afecte positivamente el crecimiento económico del país no es un resultado que se derive de manera directa y automática. Hay que generar las condiciones adecuadas para que esto pueda suceder.

En uno de mis comentarios en mi columna del 16 de noviembre del año pasado señalaba que había que considerar que “éste es un evento de una sola vez, por lo que no tendría por qué existir un efecto sobre el consumo más allá de provocar un adelanto (de un par de semanas) en este gasto, pero no en el monto planeado para la temporada. Este efecto de “sustitución intertemporal” podría ser más importante si efectivamente se producen “ofertas” sustanciales, de tal forma que el consumidor decida adelantar el gasto en un bien que tenía planeado realizar varios meses en el futuro. En todo caso, en la medida que se produzcan rebajas u ofertas efectivamente importantes, sí se produciría una ganancia en el beneficio del consumidor, aun suponiendo que el monto de su ingreso y gasto es el mismo.”

También sugería que para valorar los resultados de este evento, una comparación adecuada del consumo realizado requiere de considerar un periodo relevante, que podría ser desde el día en que se realiza “El Buen Fin” y hasta, digamos, el 6 de enero, con el mismo periodo en años pasados. Esto permite realmente valorar el impacto de este evento sobre el consumo total de la temporada navideña. No conozco aún estos datos, pero por lo pronto Banxico ya adelantó alguna información que apunta a validar mi argumento anterior.

En su minuta del 20 de enero, señala en la página 9 que “en lo referente al gasto interno, algunos indicadores sugieren que el consumo privado continuará presentando una trayectoria positiva, no obstante ligeramente menos dinámica que en los trimestres anteriores. En particular, durante el último bimestre del año las ventas de la ANTAD siguieron mostrando una tendencia creciente, si bien a un ritmo de crecimiento ligeramente menor al de los bimestres previos. Es de mencionar que la implementación del programa “El Buen Fin” condujo, en parte, a que se observara un adelanto en las compras navideñas, por lo que dichas ventas registraron una disminución en términos ajustados por estacionalidad en diciembre”

Ahora bien, esto no quiere decir que hay que desechar esta iniciativa y aún creo que puede ser positiva. Lo que habría que hacer es repensar su diseño y garantizar ciertas condiciones. Un elemento clave es la magnitud de las rebajas, como lo comenté en noviembre. No conozco de algún estudio que haya dado seguimiento a este tema, pero retomando algunos comentarios entre amigos, las rebajas no fueron sustantivas, ni parejas, lo que seguramente inhibió parte de la respuesta del consumidor. ¿Habría que preguntarse si para la siguiente ocasión está dispuesto la totalidad del comercio a participar, pero sobre todo, si están dispuestos a ser agresivos con sus ofertas y generalizarlas evitando seleccionar sólo algunas mercancías? Al menos esto es lo que sucede en el Black Friday, que se trató de emular.

Otro aspecto que me parece importante es el abuso en la “oferta” vinculada a las tarjetas de crédito. Lo que dominó en el caso mexicano fue la facilidad de comprar a 6, 12 o más meses sin intereses pero sin una modificación importante en el precio del bien. De acuerdo al comentario de Banxico, esta estrategia no parece haber sido efectiva para incentivar un mayor consumo de temporada. En cambio, aún tengo mis sospechas si no tendrá un efecto negativo futuro en el nivel de endeudamiento de las familias y una posible mayor insolvencia o cartera vencida en este tipo de crédito. Este aspecto habrá que analizarlo posteriormente cuando se cumplan los plazos y se cuente con la información.

Otra reflexión también la comenté en diciembre pasado en un evento en el Piso 51 en el que discutíamos el papel de la clase media como motor de crecimiento económico. Existe literatura que ofrece evidencia empírica del efecto positivo de este consumo en una fase de crecimiento de los países desarrollados, pero no necesariamente en los países en desarrollo. Y una posible explicación es que si bien la clase media ha crecido en países como México, estamos también hablando de una clase media con bajo poder adquisitivo y empobrecida en términos relativos. Eventos como el Black Friday y el Buen Fin están enfocados a esta clase media, pero en nuestro caso claramente si una capacidad de respuesta sustancial.

Puedo aceptar que este es un tema (y un evento) que amerita mayor estudio riguroso en el futuro antes de poder dar un veredicto final concluyente, pero creo que ya se pueden rescatar algunas enseñanzas interesantes que si son bien analizadas y asimiladas, pueden ayudar a mejorar la efectividad de un evento como el Buen Fin y a lograr que sus objetivos se alcancen. Pero mucho depende de que nuestro sector comercial quiera dar un paso decisivo y agresivo en el futuro.



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